El pragmatismo depredador, que solamente busca resultados, sin importar
los medios, fue el legado de la Thatcher, como un irse acomodando y
orientado ese pragmatismo por exigencias inmediatas que prescinde de
principios teóricos (democráticos, morales), para simplemente tomar en
cuenta los hechos existentes como resultados.
“Pragmatismo” en Diccionario de ciencias políticas, de Dieter Nohlen y Rainer-Olaf Schultze
Existen 800 millones de personas en el desempleo, expulsadas del
capitalismo salvaje mundial y su punta de lanza, el neoliberalismo
económico. En nuestro país tenemos más de 35 millones, de los cuales 24
millones andan en las calles vendiendo mercancías en jornadas de hasta
18 horas, perseguidos por las denuncias de los comerciantes establecidos
y a quienes las policías roban sus mercancías, encarcelan a los
indígenas, echan de las aceras a mujeres que cargan a sus niños
desnutridos a los que les niegan agua y han de beber refrescos, comer
productos chatarra y miles de ellos obligados a dormir en alcantarillas,
rincones mugrosos y hasta pagar por pernoctar en patios y azoteas. Ese
brutal desempleo mundial es una de las consecuencias de la era Thatcher,
que con sus seguidores empresariales y gobernantes fueron los primeros
en cocinar con las recetas privatizadoras, promover el desmantelamiento
de los sindicatos y la abolición del mínimo Estado de bienestar, con el
que pretendieron alejar la tentación del socialismo y, más aun, del
comunismo.
Milton Friedman fue el ideólogo del “gobierno mínimo”, la llamada
desregulación para permitir la absoluta libertad al mercado para que “la
mano invisible” (demasiado visible) de patrones, financieros,
gobernantes, trasnacionales y demás pillos de la explotación del
trabajo, esclavizara con salarios de hambre a empleados, obreros,
mineros, campesinos y toda la mano de obra del espectro neoliberal
económico que hizo a un lado al mismo Adam Smith con su liberalismo
económico, que contaminó a los mismos regímenes de las mil y una
variedades socialistas para arrastrarlos al capitalismo salvaje que
impera actualmente, y tenerlos en la mira de la primera “revolución
mundial”.
Ésta sólo será posible si los desempleados se deciden a encabezar la
rebelión desde los países europeos que tienen a sus pueblos con la y se
unen a las víctimas de las contrarreformas mundiales, como a los
maestros mexicanos o a los estudiantes chilenos que demandan educación
pública y gratuita; misma que en México, el peñismo puede poner en
peligro con la privatización de la educación y la posibilidad de hacer a
un lado el laicismo con la entrega religiosa al papado y al clero
político.
La recientemente fallecida Margaret Thatcher, por quien las campanas
se echaron al vuelo para festejar su muerte y cantar la letra del filme
de 1939 El mago de Oz: “Ding, dong, la bruja ha muerto…”, fue la
portavoz y ejecutora del neoliberalismo económico –calificado como
capitalismo salvaje– que logró la unión de todos los capitalismos y los
poderes fácticos (medios de comunicación, dirigentes políticos,
narcotraficantes, apostadores en las bolsas, monopolios comerciales,
agrícolas, etcétera).
Así lograron someter a los pueblos vía el empobrecimiento masivo, el
desempleo, la reducción de los servicios de salud, el fanatismo
religioso, el sabotaje a los movimientos de huelga, el fortalecimiento
de la educación privada y, en consecuencia, el descuido de la calidad
laica y gratuita de las escuelas públicas. La maniobra thatcheriana y
del Fox estadunidense, Ronald Reagan, con sus gobiernos que buscaron los
recovecos autoritarios del Estado inglés y yanqui, doblegaron por la
fuerza a los movimientos sociales que planteaban reivindicaciones.
A partir de 1979 la humanidad, incluso la que vive y sobrevive en los
resabios del socialismo político y los despotismos orientales que
resisten las invasiones estadunidenses, ha sido degradada económicamente
para ser los nuevos parias, el neoproletariado, que por la fuerza
policiaca y militar de sus gobiernos permanece sometida y soportando
todas las desgracias de la explotación despiadada del capitalismo
salvaje; mismo que en nuestro país inició con el pragmatismo salinista
hasta topar con el pragmatismo eufórico de Peña que sólo busca
resultados. Hay que consultar en la revista conservadora-derechista de
Enrique Krauze, Letras Libres (31 de mayo de 2012), la entrevista que
Carlos Puig hizo a Peña Nieto en donde éste declara: “Mi única
definición es que soy un pragmático al que importan los resultados… Los
resultados, eso es lo que importa: los resultados”.
Además de los desempleados, en el mundo hay más de 1 mil millones de
pobres que bien pueden ser el potencial de la “revolución mundial”
contra el capitalismo salvaje. En cálculos no conservadores, sino
también revolucionarios, en nuestro país sobreviven en el filo del
hambre, las enfermedades y desnutrición más de 70 millones de
desempleados y pobres (54 millones en la pobreza y el resto sin trabajo)
que bien pueden generar un estallido que complete la “revolución
inconclusa” de 1910, si antes los detonadores no son los maestros, las
guerrillas, el narcotráfico, la guerra peñista y toda la crisis social,
política y económica. Esto también puede ser un resultado.
*Periodista
Fuente: Contralínea 332 / abril 2013
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