martes, 14 de mayo de 2013

Exploración petrolera 2012: los más pobres resultados en 10 años

Para mayo de 2013, Petróleos Mexicanos (Pemex) aún no publica el informe oficial sobre los resultados del año anterior. En una situación inédita, no quiere reconocer las dificultades por las que atraviesa, ni siquiera en el voluminoso Informe de casi 800 páginas entregado al Consejo de Administración de la paraestatal que, formalmente, continúa siendo de la nación mexicana.

12. mayo, 2013 Fabio Barbosa Opinión
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Así, el ciudadano de a pie sólo recibe propaganda que asegura el descubrimiento de “gigantescos” yacimientos que garantizan la reposición de las reservas extraídas y la continuidad del abasto para varias décadas más. Desde septiembre de 2012, diversos analistas impugnamos las falsedades de Felipe Calderón al anunciar el potencial de los pozos Trión y Supremus, en el Golfo de México, cerca de la frontera con Estados Unidos. La verdad es que en 2012 la geología mexicana ofreció los más pobres resultados en la década. En el cuadro 1, Descubrimientos en 2012, se muestran los datos de 21 pozos descubridores de hidrocarburos, con datos del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, que desde luego son distintos tanto a los difundidos el 18 de marzo pasado, como al informe entregado al Consejo de Administración de Pemex. Se ordenan separando los cuatro éxitos en formaciones de lutitas.
En resumen, de los 21 pozos exitosos del año pasado, sólo en cinco se encontró el codiciado aceite: uno en Tamaulipas, dos en Tabasco y dos chiapanecos, pero como se sabe, estos cuatro últimos son extensiones de campos ya conocidos y fueron descubiertos, algunos, desde la década de 1970.
Por primera vez no se descubre nada en el Golfo de México.
Con respecto de los cuatro pozos reportados en lutitas –del que destaca Anhélido, anunciado como aceitero–, ver el cuadro 2: Pozos con objetivo en formaciones de lutitas (shale gas/oil).
Del total de los 21 descubrimientos, la gran mayoría (más del 70 por ciento) son de gas. Si bien es cierto que los veracruzanos exhiben muy importantes volúmenes de condensados respecto al gas seco, sus bajos precios hacen poco rentable, por ahora, su explotación.
Esta situación confirma la pertinencia de alertar que cada año es más difícil el descubrimiento de crudo, que la producción está disminuyendo desde hace 1 década y que es remota la posibilidad de revertir esa tendencia. México es ya, definitivamente, un país post peack oil.
El balance debe incluir los grandes fracasos de 2012, entre ellos, el pozo petrolero exploratorio Bricol, en Comalcalco, Tabasco, su perforación se prolongó casi 2 años porque se profundizó a más de 7 kilómetros. Otros casos son el Rabasa, en Agua Dulce, Veracruz, en el Presal de México, y Costero 1001, Cárdenas 901 y La Venta 1001, los tres últimos en Tabasco; así como el Ku 301, que hubiera permitido extender el área del complejo Ku-Zaap-Maloob, que aunque mantiene el viejo nombre, ahora integra cinco campos (pequeña maniobra que explica que se mantenga arriba de 800 mil barriles diarios).
Finalmente en aguas profundas, en 2012, fracasaron Talipau, Caxa y Hux y están en riesgo Trión y Supremus, porque sus formaciones muy complejas no permitieron concluir las pruebas de producción, aunque hay evidencia de que existe crudo y gas. Sobre este caso es necesario un examen, a condición de que sea bien informado.
La ubicación de los pozos nos muestra las áreas privilegiadas: 1) el Sureste, donde se descubrió Navegante con casi 2 mil barriles diarios y extensiones de Teotleco, Sunuapa y Jolote, 2) las aguas profundas y 3) las formaciones de lutitas.
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La sobreexplotación
En 2012, las reservas descubiertas de aceite apenas alcanzarían, en un estimado muy optimista, unos 150 millones de barriles de crudo como reservas probadas, pero la extracción ascendió a 2 millones 548 mil barriles diarios, esto es a poco más de 930 millones de barriles al año; es decir, en el mejor de los casos, se repuso una sexta parte de las reservas probadas.
Es una política no sostenible. La publicidad repite que se ha alcanzado a reponer más del ciento por ciento de reservas, porque presenta las reservas “posibles” como algo seguro de extraer, pero esa categoría agrupa recursos con sólo el 10 por ciento de probabilidad de recuperase.
Pemex espera corregir este desequilibrio entre reservas disminuidas y excesiva extracción con la reforma energética. Espera que la inversión extranjera que aplicará nuevas tecnologías mejore la tasa de éxitos, intensifique el número de pozos perforados y eleve la producción. Abriga grandes esperanzas en shale oil; el éxito de Anhélido, que descubrió aceite, asegura que en el futuro esa zona será explotada, independientemente de los problemas de escasez de agua y las repercusiones ambientales, porque se impondrá la petroadicción que padecemos.
La perforación de Anhélido se prolongó 7 meses, casi 20 veces más que los pozos gringos similares. ¿Lograrán las empresas extranjeras abatir esas diferencias y obtener costos competitivos? Hoy la producción mexicana depende de KZM (el proyecto Ku-Zaap-Maloob). Aún en el escenario más alegre, suponiendo que no colapse como Cantarell, en 2 años iniciará su declinación natural. ¿Alcanzarán nuevos campos a reponer ese declive? La sociedad mexicana necesita exámenes de distintos escenarios, conocer previsiones y estudios prospectivos.
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Fuente: Contralínea 334 / mayo 2013

La ignorancia presidencial en los temas militares

Antes de aceptar el grado de general de cinco estrellas, los presidentes mexicanos deberían tener al menos nociones sólidas de temas estratégicos, políticas de defensa, planeación y presupuestación militar, sistemas modernos de armamento, además de rodearse de asesores expertos en el tema militar. Lamentablemente no ha sido así, y las consecuencias de la ignorancia de un presidente en temas de defensa siempre han sido graves.

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Sin esas nociones y sin cuerpos experimentados de asesores, los presidentes pueden tomar decisiones equivocadas de movilización militar sin cuidar aspectos básicos de logística, armamento, transportación y comunicación. Esas decisiones apresuradas, sin estrategia ni planificación, generalmente se expresan en pérdida de vidas.
Una de esas decisiones históricas por su costo en vidas humanas y su inutilidad probada para detener la violencia y reducir el tráfico de drogas fue la que tomó el expresidente Felipe Calderón, al enviar a las tropas a combatir grupos de la delincuencia organizada sin contar con un plan estratégico ni un respaldo presupuestal eficiente.
Sin asomos de ningún diseño profesional de la fuerza, los soldados fueron lanzados al combate contra un enemigo moderno y bien equipado. Las tropas llevaban armas y vehículos obsoletos, comprados 10 años atrás, adecuados para la contrainsurgencia en terrenos montañosos y selváticos pero no para el combate urbano contra células de la delincuencia organizada que se movilizaban en camionetas veloces, prestas para secuestrar vehículos y bloquear el avance de las tropas militares que se desplazaban en tanquetas ligeras y los pesados vehículos Hummer.
Las tropas involucradas tampoco estaban equipadas con tecnología de punta en comunicaciones y transportes militares y no contaban con la inteligencia táctica-operacional necesaria para minimizar el daño ocasionado por las confrontaciones armadas en calles pobladas de comercios, escuelas y transeúntes. Con ese tipo de movilización, el resultado fue perjudicial para las poblaciones y para las propias Fuerzas Armadas. Como ejemplo de ello bastaría el caso de los dos jóvenes estudiantes del Tecnológico de Monterrey que perecieron por el fuego cruzado en el campus universitario y luego fueron tomados como bajas de los narcotraficantes. Para “tapar” el error, los soldados colocaron armas cerca de sus cuerpos. Sin embargo, los efectos también fueron desastrosos para los propios militares. Decenas de jóvenes oficiales de inteligencia militar y varios generales fueron asesinados por el narcotráfico; otros quedaron atrapados en las ofertas de plata o plomo de los narcos.
Calderón no sólo arrastró al Ejército a este combate sin estrategia, sino que también sumergió a la Armada de México en la misma dinámica de controlar las zonas urbanas e involucrarse en la acción armada en cualquier encuentro fortuito con los narcotraficantes.
No está claro aún si los líderes militares de esa administración le advirtieron al presidente de los riesgos de esa decisión. Lo que sí es evidente es que siguieron las órdenes de un político que intentó usar su condición de general de cinco estrellas para obtener popularidad y legitimidad tras una elección manchada por la duda y acusaciones de fraude electoral. Para ganarse el apoyo del Ejército, lo primero que hizo fue aumentar los haberes militares. Con ese gesto quiso ganarse el apoyo de tropas, jefes y mandos militares, pero no fue así. Tomás Ángeles Dauahare, exsubsecretario en la Secretaría de la Defensa Nacional durante la administración de Calderón y general de división en situación de retiro, dijo públicamente que no existía ninguna estrategia gubernamental para combatir al narcotráfico.
Al final de su sexenio, el expresidente Calderón permitió que las autoridades de procuración de justicia detuvieran al líder castrense y lo acusaran de protección de narcotraficantes con base en el testimonio de un “testigo protegido” que ha pasado sus años en esa condición fabricando acusaciones. Esos procesos penales viciados desde el origen fueron aprovechados por Calderón para generar una imagen de incorruptibilidad y decisión inquebrantable en lo que él llamo la “guerra contra las drogas”. La liberación reciente del general Dauahare y la exoneración de todos los cargos en su contra demostró no sólo la práctica de fabricación de culpables en el sexenio pasado, sino también el divorcio entre el entonces presidente y los líderes castrenses.
Vista esa experiencia desde una perspectiva más amplia, Calderón tiene al menos un descargo: estaba atrapado en una inercia histórica de presidentes que no tienen cultura ni visión estratégica, ni hacen el esfuerzo por comprender a fondo la lógica, los dilemas y las necesidades de las Fuerzas Armadas que utilizan. A eso se agrega una cultura política que no se permite modificar los aspectos del funcionamiento militar ni tocar sus esferas de autonomía. Parte de esa inercia está originada por la negativa histórica de los partidos en el poder de promover la creación de un secretario de la Defensa y de Marina de origen civil.
Al no existir un secretario de la Defensa de origen civil, como ocurre en la mayoría de los países democráticos, los presidentes mexicanos carecen de intermediarios en su trato con los generales y almirantes y deben confiar en sus asesores para lidiar con los temas militares. Pero la labor de los asesores no siempre es suficiente. La debilidad presidencial en el manejo de esos temas quedó demostrada por la forma tan ligera en que los gobiernos anteriores han tomado el tema de la administración militar.
Los militares, por su parte, tampoco son proclives a la idea de un secretario civil de la Defensa. Aunque las relaciones horizontales de los militares han crecido en los últimos años, y a pesar de la obligación legal de trabajar con otras dependencias del gobierno federal en los grupos de coordinación, los generales y almirantes prefieren mantener sus relaciones verticales y acordar directamente con el presidente cuando se trata de tomar decisiones castrenses.
Esta dinámica lleva ya décadas. Para aligerar la carga y reducir el número de generales con los cuales tenía que interactuar, Miguel Alemán, el primer presidente de origen civil que tuvo México (aunque algunos historiadores militares anotan que hubieron presidentes efímeros de origen civil), cambió la distribución territorial del Ejército y creó las regiones militares que agrupaban cada una dos o tres zonas militares. En lugar de tener que interactuar con decenas de generales, Miguel Alemán prefirió acortar ese número a un puñado de generales de división. La decisión de Alemán tuvo resultados históricos, pues el Ejército sigue participando principalmente en misiones internas y está distribuido con fines de control territorial. Esa organización territorial sigue vigente: actualmente existen 12 regiones militares, cada una encabezada por un general de división, y 46 zonas militares encabezadas por generales de brigada.
México ha permanecido fuera de la tendencia en América Latina de crear a ministros civiles de Defensa, que son los encargados de encabezar la formulación de las políticas de defensa, administrar los recursos castrenses, encabezar las relaciones políticas de los militares y representar a las Fuerzas Armadas ante otras instancias del gobierno. En teoría, esos ministerios civiles de la defensa facilitan el control civil de los militares y permiten que los soldados se dediquen a cultivar la profesión y la disciplina militares.
La interlocución directa entre militares y presidentes que ignoran de temas castrenses, la inexistencia de una política de defensa en México y la escasez de asesores civiles especializados en temas de defensa, representan una situación problemática que puede orillar a cualquier presidente a tomar decisiones equivocadas en asuntos militares. No sólo se trata de un problema de falta de legitimidad política como ocurrió en los casos de Carlos Salinas de Gortari y de Felipe Calderón, sino también de una camisa de fuerza para los gobernantes civiles independientemente de su partido de procedencia.
Después de Miguel Alemán, ningún otro presidente mexicano ha reformado el marco jurídico de las Fuerzas Armadas para facilitar el control civil y permitir la formulación de una política de defensa con alcances de largo plazo, estratégicos y, por consiguiente, el diseño de Fuerzas Armadas eficientes para la defensa nacional. Aunque el presidente Enrique Peña Nieto tiene en su cartera el pendiente de la reforma militar, tampoco está claro si logrará transformar el marco jurídico, reordenar las políticas gubernamentales hacia las Fuerzas Armadas y crear un sistema de toma de decisiones basado en criterios de Estado, alejado de las aspiraciones de las fracciones o individuos en el poder. Ojalá lo haga, antes de que la inercia histórica lo atrape y comience a tomar decisiones e impartir órdenes en materia de política militar y naval.
*Especialista en Fuerzas Armadas y seguridad nacional; egresado del Centro Hemisférico de Estudios de la Defensa, de la Universidad de la Defensa Nacional en Washington, DC, Estados Unidos
Fuente: Contralínea 334 / mayo 2013

Memorias de la censura o Uruchurtu, el Regente de Hierro

Ernesto P Uruchurtu, llamado el Regente de Hierro, es referencia imprescindible de la censura moralista en la historia de la Ciudad de México, territorio que en los últimos años conquistó libertades que horrorizarían a las “buenas conciencias” de mediados del siglo pasado.
En esa época, Uruchurtu llevó a cabo mejoras urbanas a la vez que se dio a la tarea de censurar todo tipo de espectáculos, al apelar a criterios sexofóbicos como los que décadas después implantarían en algunas entidades de la propia República Mexicana los llamados “alcaldes mochos”, del católico Partido Acción Nacional (PAN).

En defensa de “la moral”
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El político sonorense Ernesto P Uruchurtu gobernó la Ciudad de México de 1952 a 1966; su labor represiva, que fue criticada por intelectuales y cronistas, todavía se recuerda.
“Al inicio de los años cincuenta (1952), el llamado ‘Regente de Hierro’ Ernesto Uruchurtu emprendió una campaña denominada ‘La Cruzada de la Decencia Teatral’, a través de la oficina de espectáculos de la Ciudad de México con el objetivo de ‘adecentar’ los espectáculos que eran presentados en la ciudad” (sic) (Claudia Espinoza, “El teatro: una cruzada por la decencia”, 2012, www.wikimexico. com/wps/portal/wm/wikimexico/artes/artes-escenicas/el-teatro-una-cruzada-por-la-decencia).
Lo que preocupaba al funcionario y a sus colaboradores, que se sentían con autoridad moral para decidir lo que los capitalinos tenían derecho a ver, eran los espectáculos donde las mujeres enseñaban “un poco” de su cuerpo, o que tenían alguna connotación erótica.
“Con la premisa de que ‘el teatro puede fomentar o combatir la inmoralidad’, un equipo comandado por Luis Spota era encargado de recorrer los teatros para supervisar la ‘calidad moral’ de las propuestas presentadas en los mismos. Esta cruzada era apoyada por representantes de diferentes sectores sociales, en su mayoría encopetadas señoras y engominados señores que se sentían amenazados ante cualquier manifestación que se saliera de los parámetros establecidos en su manual de buenas costumbres.
“Durante los 14 años en los que Uruchurtu fue regente del Departamento del Distrito Federal (1952-1966), era nota recurrente en la prensa nacional el cierre de teatros y la suspensión temporal o definitiva de las actividades de artistas, actores, directores, vedettes en ese entonces denominadas ‘nudistas’ o ‘exóticas’, criticadas duramente por sus coreografías donde abusaban del frenético movimiento de sus caderas y por sus escasos vestuarios que dejaban ver sus ombligos y hasta sus muslos.
“Se acusaba a los ‘teatros pornográficos’ y a los teatros experimentales de actuar en ‘un ambiente ideológico de libertinaje al ofrecer al público obras de argumentos disolventes en las que con frecuencia se usaban palabras crudas…’” (Claudia Espinoza, obra citada).
Entre los personajes que sufrieron ese clima de persecución se contaron Yolanda Montes, la Tongolele; María Victoria; Alejandro Jodorowsky; Carlos Ancira. En 1965, el grupo inglés The Beatles iban a venir a México, pero el Regente de Hierro prohibió que se presentara (www.metroflog.com/charleslen...).
Tampoco la magnífica película Viridiana, de Luis Buñuel, fue del agrado de Uruchurtu, quien procedió en consecuencia. “…Cuando su cinta Viridiana fue prohibida en México [Gustavo Alatriste, productor de la cinta] acudió con su amigo Salvador Novo, quien prestó su teatro para la exhibición de la película; el recinto fue clausurado por el entonces regente capitalino Ernesto P Uruchurtu…” (La Jornada, 26 de julio de 2006).
Por cierto, en la década de 1960, grupos ultraderechistas como el MURO (Movimiento Universitario de Renovadora Orientación), que estaba activo en Ciudad Universitaria, exigían la prohibición de la película en ese recinto.
Margo Glantz recuerda la época en que “…el regente Uruchurtu clausurara todos los cabarets famosos, incluyendo al Waikiki o el Salón México…” (Revista de la Universidad de México, 45, noviembre de 2007).
En opinión del ya fallecido Carlos Monsiváis, Uruchurtu conjuntó “sin piedad alguna modernización y falta de libertades” (Proceso, 1021, 25 de mayo de 1996).
La vesánica acometida de Uruchurtu no perdonó a las cantinas, pulquerías y todo lo que consideraba vinculado a la lujuria y la inmoralidad; de acuerdo con Armando Jiménez, “las autoridades mexicanas, a partir de la gestión de Ernesto P Uruchurtu, han impuesto reglamentos absurdos para todos los centros que les parecen ‘de vicio’ (cabarets, cantinas, prostíbulos, hoteles de paso). El reglamento de Uruchurtu hizo quebrar a más del 50 por ciento de los establecimientos” (La Jornada, 7 de enero de 2004).
Prohibió que en las pulquerías se exhibieran los murales que eran parte de su decoración (La Jornada, 20 de septiembre de 2005), y les impuso restricciones que llevaron a la ruina a esa mexicanísima industria.
Entre comerciantes de ese ramo circulaba la versión de que la embestida del regente contra ellos estaba dictada, en parte, por sus propios prejuicios que lo llevaban a considerar esa bebida como de naturaleza plebeya y popular, a diferencia de otras como la cerveza, distintiva de países “modernos” como Alemania.
Historias de familia: porfiristas y germanófilos
En 2004, Alfredo Uruchurtu Suárez, sobrino nieto de Ernesto P Uruchurtu, publicó un libro intitulado Del único mexicano en el Titanic, del Regente de Hierro y otros Uruchurtu (apuntes de relatos y anécdotas familiares) donde, de forma apologética, se refiere a varios de sus ancestros.
Su tío bisabuelo fue Manuel Uruchurtu Ramírez, nacido en Hermosillo, Sonora, en 1874 y muerto en el naufragio del Titanic en abril de 1912; fue el único mexicano que hizo la fatídica travesía.
Diputado en la época de Porfirio Díaz, mantuvo una gran amistad con Ramón Corral, uno de los hombres más poderosos del porfiriato y quien fuera vicepresidente en aquella época.
Su tío abuelo fue Ernesto P Uruchurtu, el Regente de Hierro, cuyo nombre llevan algunas calles de la ciudad en colonias como Olivar del Conde, Las Palmas, Paseos de Churubusco y otras.
Esa familia siempre estuvo cercana al poder, al grado de que, en el periodo de Adolfo López Mateos, el hermano de Ernesto, Gustavo, estaba al frente del Monte de Piedad (aunque le había pedido al entonces presidente de la República la Secretaría de Salubridad), y uno de sus sobrinos, hijo de su hermana Mercedes, a los 20 años de edad ya tenía el cargo de secretario general del Seguro Social, el segundo en importancia en dicha institución.
Ernesto fue amigo de Miguel Alemán, época en que fue subsecretario de Gobernación; curiosamente, en aquella época él y uno de sus amigos, otro político del gabinete alemanista, tuvieron problemas con el entonces presidente de México por atreverse a cerrar un céntrico hotel para organizar una francachela.
Dice la crónica familiar –elaborada por Uruchurtu Suárez– que precisamente en el Waikiki, “que su hermano Ernesto clausuraría en 1955”, Manuel Uruchurtu Peralta celebró el nombramiento de aquél como subsecretario, y que al salir chocó con su automóvil contra un poste de alumbrado, accidente que le ocasionó la muerte.
Al margen de las labores inquisitoriales de su tío abuelo, Uruchurtu Suárez relata con orgullo en su libro las tácticas, a todas luces abusivas y tramposas, que usaba el Regente de Hierro para imponer su autoridad: mandaba cambiar el nombre o numeración de una calle para violar un amparo que protegía un determinado inmueble; ordenaba abrir zanjas para bloquear el acceso a comercios que entablaban demandas para no plegarse a sus disposiciones; en ocasiones enviaba espías a los restaurantes para inducir a sus dueños a violar las normas del gobierno capitalino a fin de poner a prueba su obediencia.
Alfredo Uruchurtu Gil, padre de Manuel Uruchurtu Suárez, era sobrino de Emilio Portes Gil e hijo de Alfredo Uruchurtu Encinas, quien en la década de 1930 era cónsul de México en Fráncfort, Alemania.
Por ello, Uruchurtu Gil hizo estudios en ese país donde “conoció a Hitler en persona”, y conservó el recuerdo “de las exageradas, pero sumamente efectivas entonaciones que el führer daba a sus arengas”, en las que prometía formar una juventud que “soportaría todo tipo de penalidades” y estaría “exenta de sentimentalismos”.
Recibió de los nazis adiestramiento militar “junto con los demás estudiantes de su escuela”, y aprendió el himno de las juventudes hitlerianas, que muchos años después, ya en México, solía cantar en reuniones con sus amistades.
Desempeñó cargos en el gobierno incluyendo el de “secretario auxiliar” de su tío Ernesto, durante el tiempo en que éste fue regente de la ciudad.
Al parecer, el origen de los Uruchurtu en México data de principios del siglo XIX, cuando un vasco, sobreviviente de las guerras napoleónicas en España, llegó a Hermosillo, Sonora.
*Maestro en filosofía; especialista en estudios acerca de la derecha política en México
Fuente: Contralínea 334 / mayo 2013

¿Negociar con la mafia o la vía policiaco-militar?*

En el caso de Colombia, podemos dividir la experiencia de búsqueda de una alternativa distinta, heterodoxa, a la que ha implicado “la criminalización-militarización” de la “guerra contra las drogas” mediante una periodización básica:

12. mayo, 2013 Opinión Ensayo
Jorge Retana Yarto**/ Segunda parte y última
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a) La primera etapa, claramente exitosa, comienza en mayo de 1984, cuando los hermanos Rodríguez Gacha, Ochoa Vásquez y Lehder, socios de primer nivel de Pablo Escobar Gaviria, jefe del poderoso Cártel de Medellín, son enviados para entrevistarse con el expresidente de Colombia, Alfonso López Michelsen, en el Hotel Caesar Park Marriott, en Panamá, para hacer, por su conducto, una oferta de negociación al entonces presidente Belisario Betancur (“La tregua fallida de Escobar según el FBI”, última actualización, 10 de julio de 2012, www.verdadabierta.com/compon...), proceso abierto que da como resultado un “acuerdo” en septiembre de 1988. Pero hay tres hechos fundamentales que marcan el final de este periodo y sepultan el acuerdo alcanzado: la Operación Primavera de la Policía Nacional de Colombia (ajena al proceso negociador), iniciada en julio de 1988; el “veto” a la negociación por la segunda administración de Ronald Reagan, en noviembre de 1988; y el asesinato del candidato a la Presidencia de la República de Colombia, Luis Carlos Galán Sarmiento (19 de agosto de 1989, el más grande error de Pablo Escobar), líder del movimiento disidente del Partido Liberal llamado Nuevo Liberalismo (del que había sido expulsado el propio Escobar Gaviria en 1981), eventos que concluyen este primer periodo.
b) La segunda etapa, abiertamente fallida, se caracteriza por dos claras tendencias que entran en una pugna irreconciliable: el empeño del Cártel de Medellín y un sector del gobierno colombiano por remontar la coyuntura del asesinato de Luis Carlos Galán, que propició la nueva ofensiva militar del gobierno de Virgilio Barco, en cuyo contexto se produce la muerte de Gonzalo Rodríguez Gacha en diciembre de 1989 (íntimo lugarteniente de Pablo Escobar), la imposibilidad de darle formalidad y operatividad al principio de “acuerdo de paz” alcanzado, y el segundo “veto” estadunidense al acuerdo por parte de la nueva administración de George Bush (enero de 1989), lucha de tendencias que desemboca en la exigencia de “rendición incondicional” del gobierno para los capos, dentro de la cual se abre paso una variante: “la rendición negociada”, a la que sigue la entrega voluntaria de Escobar (junio de 1991) y luego su huida del penal (julio de 1992), coyuntura que finaliza con su ejecución en diciembre de 1992.
Un macrofactor de enorme gravitación en todo el proceso, junto con el propio Plan Colombia (colaboración militar con Estados Unidos), es el antes y el después del Tratado de Extradición (instrumento jurídico de cooperación judicial para combatir el delito trasnacional) firmado entre Colombia y Estados Unidos en 1979, aprobado por el Congreso en 1980 durante la Presidencia de César Turbay Ayala (1978-1982, sucesor de López Michelsen), que entrara en vigor en 1982; a pesar de ello, el siguiente presidente, Belisario Betancur (1982-1986), rechazó varias solicitudes de extradición hechas por Estados Unidos aduciendo “problemas de soberanía”. Y cuando se decide a extraditar, la Sala Constitucional de la Suprema Corte de Justicia lo impide, al aducir “irregularidades” (1986). La extradición se reactivó en mayo de 1986 con Virgilio Barco (Aurora Moreno Torres,“Una reflexión crítica sobre la extradición en Colombia como debilidad del sistema judicial y político”, revista Encrucijada Americana, Universidad Alberto Hurtado, 3 de marzo de 2012, número 1, páginas 51-56, www.encrucijadaamericana.cl/... a5_n1/3_Editado_UNA_REFLEXION_CRITICA_SOBRE_LA_EXTRADICION_EN_COLOMBIA.pdf).
Los contactos y diálogos de negociación se desarrollaron por canales oficiosos, pero con el conocimiento de los titulares de la administración política del país, es decir, de los presidentes de la República y su tácito consentimiento, ya que tales escenarios prospectivos duraron más de 8 años. En la entrevista de mayo de 1984 con López Michelsen, la oferta de negociación contenía lo siguiente:
1. Pagar la deuda externa colombiana estimada en 10 mil millones de dólares.
2. Introducir a Colombia todos sus recursos financieros depositados en el extranjero para ser invertidos en industrias legales.
3. Abandonar definitivamente el negocio de tráfico de cocaína.
4. Amnistía fiscal para sus bienes.
5. Todo, a cambio de que el gobierno colombiano renunciara definitivamente a la extradición de ellos a Estados Unidos (Miguel García, Los barones de la cocaína. La historia del narcoterrorismo y su red internacional, editorial Planeta, México, 1991, página 84).
El contexto sociopolítico y policiaco-militar de la oferta negociadora fue una ofensiva armada del gobierno del presidente Betancur luego del asesinato del ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla (30 de abril de 1984), atribuido a la autoría intelectual de Pablo Escobar, aunque un tribunal de apelación que conoció y juzgó el caso, revocó el llamamiento a juicio del inculpado por considerar que se “carecía de elementos de juicio serios” (al respecto Aurora Moreno Torres, obra citada; también “Escobar, 17 años de historia criminal”, 2 de diciembre de 1993, www.eltiempo.com/archivo/doc...).
El magistrado asesinado habría denunciado reiteradamente la infiltración del narcotráfico en todos los sectores de la sociedad y en los altos cargos del Estado, y reveló temores de un atentado contra su vida. Su asesinato fue un hecho socialmente traumático.
Antes de este asesinato, el Cártel de Medellín había dialogado en Bogotá con el procurador general, Carlos Jiménez Gómez (octubre de 1983), demandando su interlocución para un diálogo de paz y negociación y concluir el conflicto (capítulo XI “¿Se está ejecutando el Pacto de Panamá?”, en Los jinetes de la cocaína, Fabio Castillo, www.derechos.org/nizkor/colo...), de tal manera que la iniciativa panameña fue una táctica de “doble interlocución” para avanzar su alternativa, y resultó que en noviembre de 1986 un grupo de jerarcas de la Iglesia Católica colombiana ofrecieron su mediación para que “finalizara ya la violencia en Colombia” (incluían también a las guerrillas izquierdistas y grupos paramilitares multiplicados, presuntamente, desde el Ejército colombiano, grupos de terratenientes y de las propias organizaciones de narcotraficantes), lo que conformaba un escenario caótico de dominio de la violencia armada.
El Cártel de Medellín dio a conocer ese mismo mes, en la ciudad de Barranquilla, el comunicado 001, que daba la bienvenida a la postura de los sacerdotes y reiteraba su voluntad de pactar con el gobierno circunscribiéndose a ofrecer ante la Iglesia y el pueblo colombiano, “en forma solemne”, que en cuanto se prohibiera jurídicamente en el país la extradición a Estados Unidos, suspenderían de inmediato las acciones militares contra “los extraditadores” (John Jairo Aristizabal, “El Plan Colombia y Política Antidroga de los Estados Unidos”, Medellín, 2006, www.mamacoca.org/docs_de_bas...), sin embargo, no sobrevino ningún otro gesto del gobierno y los capos ordenaron el asesinato del coronel Jaime Ramírez, quien dirigía la implacable persecución contra los cárteles (comandos antinarcóticos) intensificándose con ello las hostilidades armadas.
En mayo de 1988 la mafia buscó mediante un abogado cercano a ellos –Guido Parra– un interlocutor prestigiado con la finalidad de mantener el diálogo abierto en Panamá, ahora mediante el exministro Joaquín Vallejo Arbeláez, de respetable trayectoria pública (aprovechando su artículo periodístico en donde exhortaba al gobierno a una política de diálogo con todos los grupos actores en la violencia, reflexionando sobre una vía que “terminara con el baño de sangre”, puesto que “nada se pierde con oírlos”); y él, personalmente, aceptó dialogar con los capos del Cártel de Medellín en junio de 1988, ganando rápidamente otro aliado importante para esta causa: Germán Montoya, secretario de la Presidencia.
A Joaquín Vallejo reiteraron los capos una oferta negociadora: desmontar por completo el negocio de la cocaína y entregar los arsenales de armas en su poder, a cambio de un indulto por los delitos cometidos y de una amnistía fiscal para todos sus activos y capital acumulado, misma que Vallejo transmitió a Germán Montoya como posibilidad de acuerdo, pero igualmente, en marzo de 1988, Pablo Escobar apenas alcanzó a evadir un cerco militar tendido por la IV Brigada del Ejército Colombiano en Medellín. Es decir, ninguno renunció a mantener la presión militar sobre el otro, especialmente era grande la misma sobre los líderes mafiosos para su captura. No obstante, transcurrieron otras entrevistas con ofrecimientos y demandas al gobierno: entregar sus pistas de aterrizaje, las armas, desmantelar los laboratorios clandestinos de droga y ayudarlo a combatir el narcotráfico en donde aún permaneciera o resurgiera. Se insistía, a cambio, en tres temas mencionados: renuncia a la extradición, indulto judicial y amnistía para sus bienes o amnistía patrimonial (Miguel García, obra citada, página 35).
Para reforzar su oferta y promoverla en Estados Unidos, el Cártel de Medellín ideó contratar un despacho prestigiado de abogados y publirrelacionistas en Estados Unidos (el que manejaba dichas materias para Henry Kissinger), invitando al gobierno estadunidense a un diálogo tripartita. Evidentemente no fue posible concretarlo y los intentos negociadores se diluyeron cuando la prensa estadunidense comentó la oferta hecha al segundo gobierno de Ronald Reagan, vulnerando la secrecía y comprometiendo cualquier respuesta, aunque fuera posible suponer el sentido de ella.
El presidente Virgilio Barco Vargas presentó una iniciativa para la paz en septiembre de 1988 (Enrique Florez y Pedro Valenzuela, “De la oposición armada al frustrado intento de alternativa democrática en Colombia”, revista Colombia Internacional, número 36, diciembre de 1996, http://colombiainternacional.uniand...) más bien dirigida a las guerrillas izquierdistas (pactó la paz con el Movimiento 19 de Abril –M-19– en enero de 1989), pero se entendió que implícitamente comprendía también a los narcotraficantes. El secretario de la Presidencia, Montoya, confiaba al exministro Vallejo en la coyuntura que el diálogo tendiente al acuerdo era factible, pero debía incluir la anuencia del otro gran factor de poder presente en el conflicto: el gobierno de Estados Unidos, con lo cual se arriesgaba el esfuerzo pacificador.
Sin embargo, las conversaciones con Joaquín Vallejo continuaron hasta redactarse un borrador como principio de “acuerdo” en septiembre de 1988, representando al presidente de la República, al secretario de la Presidencia Germán Montoya, y a los integrantes del llamado “Grupo A”, representantes de los Cárteles de Medellín, de Bogotá y de la Costa, establecieron que:
Se “[…] esperaba y confiaba en las decisiones del Congreso relativas a los proyectos de indulto y amnistía especiales para la actividad que han venido ejerciendo. Cumplida la etapa de Congreso se compromete a ofrecer el programa ofrecido en Panamá desde mayo de 1984, el cual probablemente no fue considerado por las lamentables circunstancias del asesinato del doctor Lara Bonilla, ajeno a la voluntad del Grupo A […]”. Y luego: “Mientras las medidas propuestas por el gobierno al Congreso son aprobadas […] se conviene entre ambas partes una tregua […]”, en tanto, Guido de la Parra se comprometía de manera particular a “gestionar la incorporación de otros grupos a este acuerdo para lograr el cabal cumplimiento de lo ofrecido” (Miguel García, obra citada, página 90).
La alusión sobre “la incorporación de otros grupos” probablemente se refería al Cártel de Cali, acérrimos enemigos de Pablo Escobar y su organización, dirigido por los hermanos Rodríguez Orejuela desde finales de 1987 –para muchos, más poderoso económicamente que el de Medellín, ya que llegó a ganar 7 mil millones de dólares al año– y señalado por distintos analistas como “aliados” de la Agencia Antidrogas estadunidense y del gobierno colombiano en contra del Cártel de Medellín, proveyéndoles de “información valiosa” junto con los famosos Pepes (perseguidos por Pablo Escobar).
Lo anterior no es especulación, aquí el testimonio directo: “[…] el jefe del Cártel de Cali, Miguel Rodríguez Orejuela, explicó en sus propias palabras lo que oficialmente ninguno de los gobiernos beneficiados había querido admitir. Rodríguez, quien se encuentra bajo arresto cumpliendo una condena por narcotráfico, declaró a la Fiscalía General de Colombia que en la búsqueda de Pablo Escobar ‘las altas autoridades siempre estuvieron enteradas de que éramos nosotros y nadie diferente los que poníamos en conocimiento y a su servicio toda esta valiosa información, así como en algunas oportunidades algunos informantes que fueron utilizados por ellos’”. Luego sigue la nota periodística: “Al hablar de altas autoridades –explicó Rodríguez– se debía entender los presidentes de la República, Virgilio Barco [...] y César Gaviria [...]. En determinado momento y para no comprometer a las altas cabezas del Ejército y la Policía, tuvimos que recurrir al hermano del extinto presidente Virgilio Barco, de nombre Jorge Barco”. Continúa: “Desde ese día, el gobierno abrió sus radios a la frecuencia del Cártel y los miembros de esa organización, según el narcotraficante convicto, recibieron una clave secreta para ser reconocidos en las comunicaciones con el director del Departamento Administrativo de Seguridad, general Miguel Maza Márquez. Se llamarían Los Canarios” (“A Pablo Escobar lo mató Carlos Castaño”, 18 de junio de 2011, www.elespectador.com/search/...).
El avance negociador se derrumbó desde ambos frentes, tanto interno como externo:
1) Cuando el expresidente López Michelsen, ya en las postrimerías del gobierno de Virgilio Barco, en una coyuntura transformada, respondió a los abogados de Escobar que la única salida posible al conflicto era “la rendición incondicional” a cambio de “un tratamiento judicial benévolo”. Antes, Gonzalo Rodríguez Gacha (el Mexicano), socio de Escobar, había muerto en un enfrentamiento armado en diciembre de 1989, que significó un durísimo golpe a la organización. Además, la Policía Nacional colombiana, ajena a contactos y diálogos, mantuvo la guerra a fondo contra la mafia al echar a andar la Operación Primavera, ofensiva desplegada desde julio de 1988 contra pistas de aterrizaje, laboratorios clandestinos y los lugartenientes de los cárteles.
2) La frustrada formalización del “acuerdo” fue propiciada en forma determinante desde el gobierno de Estados Unidos: durante su segunda administración, Ronald Reagan declaró que la única salida era combatir a los cárteles de la droga en todos los frentes, luego, recientemente investido el nuevo presidente estadunidense, George Bush (enero de 1989), ratificó la postura precedente resumida en una frase: “guerra sin cuartel” (Miguel García, obra citada, páginas 91 y 92).
La presión obstructora fue de tal magnitud que a finales de 1990 circuló la información de que Estados Unidos había decidido desplegar un portaviones de guerra en las costas de Colombia con el objetivo de interceptar “cargamentos de droga”, sin embargo, el presidente Barco rechazó enérgicamente esta medida y la operación se replegó (Arlene B Tickner, “Tensiones y contradicciones en los objetivos de la política exterior estadunidense en Colombia: consecuencias involuntarias de la política antinarcóticos de Estados Unidos en un Estado débil”, revista Colombia Internacional, números 49 y 50, www.banrepcultural.org/blaav...).
Emergió entonces la variante de la “rendición negociada”, es decir, la idea de “entregarse a la justicia” y recibir un castigo conforme a ella, que terminó por ser aceptada entre los capos para evitar la captura y extradición, ello, canjeable por cualquier otra cosa, dando muestras de anuencia al efecto liberaron a varios secuestrados, entregaron armas y algunos laboratorios clandestinos.
Una valoración interpretativa distinta sobre la opción de concretar algún tipo de acuerdo con los cárteles de Medellín, de Bogotá y de la Costa, la presentó el ensayista Jorge Orlando Melo en los siguientes términos:
“Aunque probablemente la opinión no era demasiado hostil al permitir a los narcotraficantes gozar de su dinero y dejarlos en paz si a su vez dejaban en paz al país, las razones para no aceptarlo eran muy fuertes. Aunque el efecto práctico de largo plazo que habría tenido aceptar un acuerdo no puede evaluarse, sin duda, la suspensión del tráfico por estos jefes hubiera representado el fortalecimiento de otros grupos que los habrían suplantado, en el caso improbable de que hubieran cumplido sus compromisos y se hubieran retirado del negocio. En términos de lucha contra la droga, la estrategia tendría un impacto temporal: el hecho de que una generación de narcotraficantes hubiera hecho fortuna y pudiera disfrutar de ella sin ningún costo aparente habría sido parte esencial del problema futuro, y sin duda habría alentado a otros a seguir su ejemplo. En cuanto a la violencia, es muy probable que la confrontación apenas se pospusiera un poco, para realizarse en condiciones de mayor poder para los traficantes” (Jorge Orlando Melo, “La lucha contra el narcotráfico: éxitos y limitaciones”, www.jorgeorlandomelo.com/luc...).
El proceso tomó un perfil pendular: aumentó la posibilidad de una “rendición negociada”, pero al reanudarse los enfrentamientos con gran violencia luego de que el entonces presidente Virgilio Barco, tras el asesinato del candidato de la Unión Patriótica, Luis Carlos Galán, dio por concluido cualquier acercamiento, dado que la respuesta del Cártel de Medellín no se hizo esperar al reanudar su ofensiva narcoterrorista hacia los meses finales del gobierno mencionado, en virtud de lo cual la ciudad de Medellín se convirtió prácticamente en una ciudad sitiada, con bajas multiplicadas de ambos lados, hasta la conclusión de dicho gobierno.
La aprobación de una legislación que rebajaba las penas, concesión ofrecida por el entonces presidente de Colombia César Gaviria (1990-1994), precipitó la “rendición negociada” ante el tremendo desgaste sufrido por la organización de los extraditables y la mayor y más efectiva presión y persecución militar del Ejército colombiano y los grupos de elite de las tropas estadunidenses; además, los organismos de inteligencia y los propios Pepes, grupo paramilitar fuerte y con muchos recursos, todos, en conjunción, cerraban el cerco sobre el principal líder del narcotráfico en Colombia y sus más cercanos socios.
Finalmente, Pablo Escobar decide “someterse a la justicia colombiana” y pacta su ingreso a una cárcel que él mismo mandó construir a las afueras de Medellín, llamada Penal de Alta Seguridad de Envigado. Entró a prisión (junio de 1991) con 14 de sus más cercanos lugartenientes, en la cual pasó poco más de 1 año recluido. Para ello, la Asamblea Nacional Constituyente de Colombia tuvo que sesionar y aprobar la “no extradición” de residentes colombianos a Estados Unidos. Al recibir el aviso de que sería trasladado a otra prisión, y al considerar que ello representaba el principio de su traslado a Estados Unidos, Pablo Escobar escapó el 21 de julio de 1992 tras encabezar un motín carcelario, en donde desarmó a los guardias y secuestró a los altos funcionarios judiciales que llegaron a la prisión de Envigado para arreglar su traslado. Por esto, el expresidente Gaviria ordenó la intervención y ocupación militar del penal. Huyó Escobar por un túnel secreto usando máscaras antigás (“Pablo Escobar controlaba la cárcel, admite ministro de Defensa”, 28 de julio de 1992, www.explored.com.ec/noticias...; y “Muere Pablo Escobar”).
La persecución de Pablo Escobar más los errores centrales de él mismo terminan con su ejecución el 2 de diciembre de 1993 a manos de la mencionada poderosísima alianza en su contra, que a pesar de las actividades de contrainteligencia del mismo Escobar, sus hombres de mayor confianza lograron interceptar comunicaciones, rastrearlas y llegar al lugar en donde se encontraba bajo refugio, en su voluntad de sacar a su familia de Colombia acosada por los Pepes. El Patrón Escobar se batía en retirada. Posteriormente ellos se atribuyeron, en confesiones a la policía, la ejecución del mayor capo de Colombia y de América Latina, con lo cual colapsaría el Cártel de Medellín.
Ello cerraba otra etapa del largo, complejo y zigzagueante proceso de búsqueda de una pacificación negociada con el segundo grupo de tráfico de cocaína desde Colombia, pero el problema –que los trascendía a todos– era que la gigantesca demanda de cocaína en mercados internacionales estaba muy lejos de resolverse, aunque la dispersión del Cártel de Medellín cambió el mapa político-delincuencial, la geografía del delito y las relaciones de poder entre los cárteles del narcotráfico.
Luego, el desmantelamiento del Cártel de Cali se atribuyó a la ofensiva militar sostenida, amplia y poderosa ordenada por el presidente Ernesto Samper Pizano (1994-1998). Aunque algunos restos de ambas organizaciones continuaron operando a menores niveles de actividad, incluso desde la cárcel a finales de la década de 1990, la desarticulación de estas dos robustas organizaciones criminales se daba por consumada en lo fundamental, mismo que constituyó un logro importante para las políticas y la acción de los gobiernos y fuerzas militares, policiacas y de seguridad de los gobiernos colombianos y de Estados Unidos. Sin embargo, el negocio ha seguido su curso, aún en los años posteriores, pero, ¿qué hacer con decenas de miles de paramilitares?
“Muchos pensaron que con Escobar morían los cárteles, el narcotráfico y el crimen organizado, pero el día que murió Escobar empezaron a incubarse nuevos enemigos: Carlos Castaño y Diego Murillo, Don Berna, por mencionar sólo algunos, quienes fueron activos miembros de los Pepes y contribuyeron a la muerte de Escobar, pero tiempo después emularían sus métodos de terror desde el paramilitarismo” (“Pablo Escobar controlaba…”, obra citada).
Otra pregunta: ¿qué es realmente lo que se solucionó?
“[…] Este éxito de la interdicción estadunidense fue más aparente que real. A finales de la década había clara evidencia de que los traficantes colombianos habían comenzado las rutas del Caribe […]” (Arlene B Tickner, obra citada).
Toda una lección, testimonio y experiencia, ya que la negociación exitosa fue luego con los grupos paramilitares (se llegó a hablar de que en conjunto sumaron más de 100 mil efectivos, quienes llevaban también a cuestas miles de muertes y actos criminales), con observadores y facilitadores internacionales, con recursos económicos de por medio, todo un caso para su mayor estudio y extraer reveladoras consecuencias.
*El presente texto es parte del libro de próxima aparición Mafia transnacional y economía criminal: México en la órbita de un poder paraestatal, con registro 03-2013-012111554700-01
**Maestro en ingeniería financiera con especialización en inteligencia para la seguridad nacional
Contralínea 334 / mayo 2013

Crimen organizado utilizaba empresa de Grupo Hank

La inteligencia civil y militar del Estado mexicano indaga a empresarios, transportistas, exdirectivos petroleros y trabajadores sindicalizados supuestamente vinculados con bandas del crimen organizado que roban productos petrolíferos a Pemex. En el amplio expediente que integra el Cisen se involucra en el robo a Sergio Padilla Corona, director general de Grupo Transportes, propiedad del empresario Carlos Hank Rhon. “El favor me lo pidió directamente el gerente de Transporte Terrestre de Pemex”, dice Padilla Corona en entrevista. Fernando Solís Cámara, vocero de Hank Rhon, asegura que el involucrado “actuó de manera autónoma, sin autorización del señor Hank”

12. mayo, 2013 Miguel Badillo * / @badillo_contra Rendición de cuentas, Seguridad
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Informes del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), dependiente de la Secretaría de Gobernación, alertan de la presunta complicidad de transportistas afiliados a la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (Canacar) con bandas delincuenciales dedicadas al robo de combustibles que, de acuerdo con cifras de Petróleos Mexicanos (Pemex), durante el gobierno de Felipe Calderón significó pérdidas de hasta 60 mil millones de pesos para las finanzas públicas.
El amplio documento de ese órgano gubernamental de seguridad nacional señala a Sergio Padilla Corona, director general de Grupo Transportes, que aglutina a seis empresas transportistas (TUSA, AFSA, TCSA, TOSA, TPSA y TSSA) propiedad del empresario Carlos Hank Rhon, de mantener vínculos con Fabián Rodríguez Moreno, jefe de una banda de robo de combustibles que opera en el Noreste del país (Tamaulipas y Nuevo León) y lucra con los petrolíferos robados a Pemex por los cárteles de El Golfo y Los Zetas.
Dicho líder de la banda de robo de combustibles fue capturado por agentes de la Procuraduría General de la República (PGR) a fines de noviembre de 2012, junto a varios cómplices. Les aseguraron 22 camiones, 15 tractocamiones, 44 semirremolques, cuatro vehículos, tres contenedores con capacidad para 32 mil litros de productos petrolíferos, los cuales contenían 16 mil litros de combustible, aproximadamente; 19 mil 773 litros de gasolina Magna, valuados en más de 210 mil pesos; 20 mil 976 litros de Pemex diésel, con un valor de 230 mil 526 pesos, entre otros.
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El Cisen y la Secretaría de la Defensa Nacional, por conducto de su órgano de Inteligencia Militar, indagan a empresarios, transportistas, funcionarios y exdirectivos petroleros, así como a trabajadores sindicalizados para determinar si participan o tienen algún vínculo con bandas del crimen organizado para facilitarles el robo de productos petrolíferos.
El director general de Grupo Transportes y empleado del Grupo Hank confirma conocer al jefe de la banda de robo de combustibles Fabián Rodríguez Moreno, con quien, dice, se reunió en varias ocasiones a petición del gerente de Transporte Terrestre de Pemex, Sergio Regino Bueno Salazar, y del líder de la Sección 34 del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, Héctor Sosa Rodríguez, para permitirle que cinco camiones de carga usados para el robo de petrolíferos fueran enlistados en el Grupo Transportes y, mediante el Convenio Marco que tiene la Canacar con la subsidiarias Pemex Refinación, obtener los permisos correspondientes.
Entrevistado en un hotel de la zona de Polanco, en el Distrito Federal, Sergio Padilla asegura que “desconocía que se tratara de camiones pertenecientes a una banda de robo de combustibles. El favor me lo pidió directamente el gerente de Transporte Terrestre de Pemex, por eso lo hice, y a él se lo pidió el líder petrolero Héctor Sosa Rodríguez, quien es primo de Fabián Rodríguez [jefe de la banda]”.
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El directivo del Grupo Transportes explica que el consejo que preside el empresario Carlos Hank Rhon ya lo había reprendido por utilizar al Grupo en beneficio de otros intereses. “Ya me regañaron por lo que hice”, se lamenta. El vocero de Carlos Hank Rhon, Fernando Solís Cámara, deslinda al presidente del Grupo Transportes y del Banco Interacciones de cualquier acción que haya desarrollado su director general Sergio Padilla Corona, de quien dice “actuó de manera autónoma, sin autorización del señor Hank Rhon”.
Explica que Grupo Transportes tiene seis porteadores (transportadores), uno por cada empresa transportista propiedad de Hank Rhon, y cuenta con 285 permisos para la transportación de productos petrolíferos en igual número de camiones, de los cuales 265 son de Pemex Refinación y 20 de Pemex Exploración y Producción. Dichos permisos tienen antigüedad de entre 10 y 20 años.
Solís Cámara asegura que el director general del Grupo Transportes cuenta también con permisos propios, porque él tiene una empresa transportista, “y si tuvo alguna relación con el líder de la banda Fabián Rodríguez es a título personal, nunca representando a las empresas de Carlos Hank Rhon”. Fuentes de inteligencia confirman también que fue el secretario general de la Sección 34 del Sindicato Petrolero quien habría solicitado al gerente de Transporte Terrestre de Pemex que los camiones, tractocamiones y semirremolques de la banda dedicada al robo de combustibles fueran autorizados por la paraestatal dentro de su red de servicio, mediante lo cual obtenían permisos oficiales y evitaban ser detenidos cuando trasladaban petrolíferos robados de la misma paraestatal.
Número dos en la estructura del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana –apenas abajo del máximo dirigente Carlos Romero Deschamps–, Héctor Sosa Rodríguez desmiente las afirmaciones de directivos del Grupo Hank y niega, en entrevista, conocer a quien dicen es su “primo”, Fabián Rodríguez, y mucho menos recomendarlo en Pemex y al Grupo Transportes para que dieran de alta sus camiones para el transporte de petrolíferos.
Entrevistado en sus oficinas de la Sección 34, ubicadas en el Distrito Federal por el rumbo de Azcapotzalco, el dirigente petrolero rechaza cualquier parentesco con el líder mafioso capturado; y aunque sí acepta conocer al gerente de Transporte Terrestre de Pemex y al director general del Grupo Transportes, dice: “Nunca he hecho negocios con ellos”.
En la investigación, el Cisen da cuenta de que “Pemex Refinación y empresas transportistas de productos petrolíferos agremiadas a la Canacar se encuentran en proceso de renovar un convenio marco, firmado el 28 de diciembre de 2008, para el transporte de petrolíferos.
“El ingeniero Carlos Murrieta Cummings, director corporativo de Operaciones, representa a Pemex en la negociación y su propuesta afecta intereses de un grupo de la Canacar, encabezado por Sergio Padilla Corona, director general de Transportes Unidos (TUSA).
“Sergio Padilla articula denuncias administrativas y penales por el supuesto incumplimiento del convenio y una demanda por actos de corrupción en contra de Carlos Murrieta, con el fin de presionar a éste para que modifiquen las condiciones del nuevo convenio. Incluso organiza artículos y notas en periódicos y revistas en contra del ingeniero Murrieta.”
El Cisen explica que Sergio Padilla se asesora con varios abogados, entre quienes menciona a José Néstor García Reza, quien fuera abogado general de Pemex de 2004 a 2010 y a quien ha consultado en varias ocasiones sobre sus problemas legales; a Roberto Jensen Valverde, quien auxilió a Padilla en la elaboración de un oficio dirigido al director general de la paraestatal, donde se asienta la denuncia en contra de Carlos Murrieta y el problema de la tarifa; y Gerardo Ramírez Ornelas, quien ganó un amparo para Padilla en 2003.
La información del Cisen precisa: “Sergio Padilla recurrió a Néstor García cuando se enteró que Fabián Rodríguez Moreno fue detenido por dirigir una organización de compra, almacenamiento, trasiego, distribución y comercialización de refinados robados de ductos de Pemex, en el Noreste del país, actualmente desactivada.
“Rodríguez Moreno fungía como porteador (transportista) de Transportes Unidos”, empresa propiedad de Carlos Hank Rhon.
En otra ocasión, Sergio Padilla obtuvo información del Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos (Ifai), por conducto del abogado Néstor García Reza, sobre los contratos entre Pemex y la Canacar.
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Hank: Grupo Transportes
En la página de internet del Grupo Transportes, se afirma que ésta es propiedad de Carlos Hank Rhon, distinguido priísta del Grupo Atlacomulco. Este consorcio de transporte está integrado por seis empresas: TUSA, AFSA, TCSA, TOSA, TPSA y TSSA, cuyo objetivo principal es “el servicio de traslado de productos derivados del petróleo entre diversas zonas geográficas del país”.
También se afirma que Grupo Transportes cuenta con más de 45 años de experiencia en el manejo de productos derivados de petróleo. En 1952 realizó su primer viaje, de Salamanca, Guanajuato, a Toluca, Estado de México. Cuenta con unidades de marcas mundialmente reconocidas. Sus vehículos arrastran 610 tanques de acero inoxidable y acero al carbón, con una capacidad de arrastre total de 18.5 millones de litros. En esta flota de tractocamiones están incluidas unidades a presión de doble semirremolque para el transporte de gas isobutano.
Escribe Carlos Hank en su página: “Nos sentimos comprometidos en todo lo que realizamos para permanecer al frente innovando y mejorando prácticas internacionales como la gestión de cuidado ambiental que está teniendo cada vez mayor importancia. Estamos haciendo ahora un esfuerzo para construir y apoyar un proyecto ecológico, el cual generará un aire más limpio y una mejor eficiencia a largo plazo con efectividad de costos.”
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Investigan vínculos de banda criminal
La PGR y el Cisen investigan los vínculos de la principal banda de robo de combustibles en el Noreste del país que operaban bajo la protección de Los Zetas y del Cártel del Golfo, en Nuevo León y Tamaulipas, respectivamente, a la cual se le aseguró casi 1 millón de litros de combustible.
El líder de la banda capturado, Fabián Rodríguez Moreno, compraba el hidrocarburo a las células de las mencionadas organizaciones delictivas, según declaró a la prensa el encargado de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada, Rodrigo Archundia Barrientos.
El combustible robado lo escondían en empresas de Nuevo León, en oficinas logísticas y administrativas, además de que contaban con gasolineras donde comercializaban el hidrocarburo y domicilios particulares.
Junto con el líder del grupo delincuencial, fueron capturados Irineo Pompa González, segundo al frente de la banda, así como Juan Francisco Sota Mendoza, Inocencio Santes Castillo, Claudia Juárez Ovalle y Dayaena Margarita Jaramillo Álvarez.
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El Convenio Marco de Pemex-Canacar
El director jurídico de Petróleos Mexicanos, Marco Antonio de la Peña, señaló que de 2006 a la fecha se han presentado 6 mil denuncias por el robo de hidrocarburos, que han derivado en 300 procesos penales contra 600 personas.
A propósito del aniversario petrolero del 18 de marzo, el director general de Pemex, Emilio Lozoya Austin, tiene la misión y el encargo directo de la Presidencia de la República de hacer una limpia de actos de corrupción y malos manejos en la principal empresa del Estado.
Por instrucciones de Lozoya, los directivos petroleros revisan todas las áreas de la paraestatal a fin de eficientar su operación, ahorrar costos y disminuir la corrupción y prebendas que durante décadas ha marcado el trabajo de esa paraestatal petrolera. Para ello, revisan meticulosamente todos los contratos multimillonarios asignados en el último sexenio a empresas privadas nacionales y extranjeras, así como las nuevas contrataciones de bienes y servicios que realizan en este momento.
En esa exhaustiva revisión, aparece el Convenio Marco firmado en diciembre de 2008 entre Pemex Refinación y la Canacar para el transporte de productos refinados. Posterior a dicho acuerdo, Pemex ha firmado contratos individuales anuales con cada una de las empresas transportistas afiliadas a la Canacar.
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El último contrato firmado tiene vigencia del 1 de enero al 31 de diciembre de 2011, y éste se amplió 2 años más para su conclusión el 31 de diciembre de 2013. Una de las características de estos contratos establece que el pago del servicio de transportación de refinados se actualizará cuatrimestralmente, de acuerdo con el Comité de Precios de Productos Petrolíferos, Gas Natural, Productos Petroquímicos e Interorganismos.
Este Convenio Marco se negocia actualmente entre funcionarios petroleros encabezados por el director corporativo de Operaciones, Carlos Murrieta Cummings, y los representantes de la Canacar, lo que ha desatado una batalla legal y mediática de los transportistas en contra de Pemex y su líder negociador, a quien han demandado penalmente ante la PGR (denuncia que ya fue rechazada y enviada al archivo) y presentado una acusación en la Secretaría de la Función Pública por incumplimiento del Convenio Marco, al negarse Pemex Refinación, según los inconformes, a actualizar las tarifas desde el 1 de octubre de 2009.
En la PGR el Ministerio Público desechó la acusación en contra de Murrieta Cummings por “improcedente”, y así puso a salvo momentáneamente al director corporativo de Operaciones, a quien Pemex se niega a remover de las negociaciones como lo ha solicitado la Canacar.
En respuesta a la agresiva campaña legal y mediática en contra de la paraestatal petrolera y sus directivos, el director Lozoya pidió el auxilio de todo el gobierno federal por considerar que los transportistas de productos refinados ponen en riesgo la seguridad de abasto en todo el país, al comportarse con actitudes gansteriles; sobre todo algunos que, se investiga, tendrían vínculos con el crimen organizado para el robo, almacenaje y transportación de petrolíferos.
Esta investigación de las áreas de inteligencia del gobierno apunta a encontrar más responsables por el robo de combustibles y esto ha puesto muy nerviosos a funcionarios de Pemex, transportistas privados y líderes sindicales que podrían tener algún vínculo con la delincuencia organizada.
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Fuente: Contralinea 334 / Mayo

sábado, 11 de mayo de 2013

Incertidumbre en Arabia Saudita (2)

El rey Abdallah de Arabia Saudita destituyó al jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas, el general Mohamed al-Ayech, el 10 de mayo de 2013.
No se ha dado ninguna explicación sobre esa decisión. Como tampoco se ha explicado hasta ahora la destitución del viceministro de Defensa, el príncipe Khaled Ben Sultan Ben Abdel Aziz, el pasado 20 abril.
El rey nombró como nuevo jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas al general Fayadh Ben Hamed al-Rowaili.

Parte I: Mortalidad materna: objetivo del milenio no cumplido

Las muertes maternas en el país han disminuido a una velocidad que, sin embargo, no bastará para cumplir con el quinto objetivo de desarrollo del milenio, compromiso que México adquirió en el seno de las Naciones Unidas. Según las estadísticas de la Secretaría de Salud, tres mujeres mueren a diario por complicaciones durante el embarazo, parto o puerperio. El 85 por ciento de los decesos ocurren en los hospitales como consecuencia de la mala calidad en la atención. Más de la mitad de las víctimas son afiliadas al Seguro Popular.

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Parte I
A principios de siglo, en el contexto de la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, 189 países, incluido México, signaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio. El quinto de éstos refiere el compromiso de reducir la mortalidad materna en tres cuartas partes entre 1990 y 2015.
De acuerdo con cifras oficiales, en 1990 la Razón de Mortalidad Materna (RMM) –defunciones por cada 100 mil nacidos vivos estimados– en el país fue de 89. Así, con miras al cumplimiento de este objetivo, para 2015 ésta tendría que ser de 22.25.
La mortalidad materna es la muerte de la mujer durante el embarazo, parto o puerperio –periodo que contempla los 42 días que siguen al alumbramiento–. Es también reflejo del nivel de desarrollo de un país.
A pesar de que la RMM a nivel nacional ha venido en descenso, la velocidad registrada no es la que se requiere para el cabal cumplimiento del compromiso internacional.
Esta situación y el hecho de que, conforme la mortalidad materna disminuye, los factores que la provocan son más difíciles y costosos de atender, hace que el cumplimiento del Objetivo del Milenio sea “un verdadero reto”, explica Rufino Luna Gordillo, director general adjunto de Salud Materna y Perinatal del Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva.
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De 1990 a 2011, la Razón de Mortalidad Materna cayó en 48.53 por ciento, al pasar de 89 a 43.2 defunciones por cada 100 mil nacidos estimados. El promedio de reducción anual durante este periodo fue de 2.31 por ciento. Lo anterior significa que para cumplir con el Objetivo del Milenio, de 2012 a 2015 el decremento de la RMM tendría que ser de 26.47 por ciento, es decir, 8.82 puntos porcentuales cada año.
Aún con los números en contra, Luna Gordillo se muestra optimista. “Podría parecer imposible, pero yo creo que nos podríamos acercar muchísimo a esa meta del Milenio. Tal vez con algunos por arriba; tal vez no el 22.25, pero sí un 25 o 26”.
El entusiasmo del médico epidemiológico se deriva, según su propia explicación, de las reuniones que la directiva del Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva ha sostenido con el gobierno en turno. Asegura que Enrique Peña Nieto, presidente del país, ha mostrado voluntad.
Prueba de ello, dice, es que la actual administración federal instruyó a las instancias a cargo de los servicios de salud incluir en el Plan Nacional de Desarrollo y en el Programa Nacional de Salud todos aquellos programas de acción y estrategias que han probado su efectividad, así como a los actores que involucran.
—¿Qué acciones se tendrían que impulsar desde el gobierno para cumplir con el quinto propósito del Milenio?
—Sabemos qué es lo que hay que hacer. No hay que inventar el hilo negro. Ya se sabe a nivel mundial cuáles son las múltiples estrategias y las conocemos y las podemos implementar [sic]. ¿Qué es lo que se necesita? La voluntad de los líderes, la voluntad política para hacer –responde Luna Gordillo.
El funcionario acota que a la voluntad federal habría que sumar 32 voluntades más: las de los gobernadores y secretarios de salud estatales, quienes son los encargados de operar las normas. “Si su prioridad es cualquier otro problema, excepto la mortalidad materna, ahí se quedó”.
Daniela Ramírez Camacho, investigadora del área de Presupuesto y Políticas Públicas de Fundar, Centro de Análisis e Investigación, refiere el consenso de las organizaciones de la sociedad civil quienes, a partir de la observación de los indicadores de mortalidad materna durante los últimos años, concluyen que el quinto Objetivo del Milenio no será satisfecho.
Comenta, asimismo, que aunque pareciera que la tendencia apunta hacia la disminución de la mortalidad materna en México, el comportamiento de los indicadores es “errático”. La literatura establece que, para poder afirmar que la tendencia es a la baja, dicho comportamiento tendría que prevalecer por al menos 5 años ininterrumpidos. Éste no es el caso de la mortalidad materna, fenómeno que en los últimos 5 años registró incrementos, en concreto en 2008 y 2009, como consecuencia de la influenza.
No obstante, la maestra en estudios latinoamericanos manifiesta que 2013 es un año de oportunidades e incidencia. Esto, porque en breve serán elaborados los lineamientos programáticos que guiarán las acciones institucionales para los próximos 6 años, y que serán plasmados, en principio, en el Plan Nacional de Desarrollo.
La importancia del momento es mayor puesto que esta planeación tendrá que tomar en cuenta, por primera vez, los avances de la reforma constitucional de derechos humanos (de junio de 2011), que otorga carácter vinculante a los instrumentos internacionales.
En materia de mortalidad materna, la sociedad civil ya ha entregado sus propuestas y “sostenido un diálogo importante con las autoridades” con énfasis en el tema presupuestario, refiere la investigadora de Fundar. Y es que las dos estrategias, Embarazo Saludable y el Convenio General de Colaboración Interinstitucional para la Atención de la Emergencia Obstétrica, y el Programa Arranque Parejo en la Vida, con los que ahora cuenta el gobierno federal, carecen de presupuesto propio.
Que las estrategias y programas en materia de mortalidad materna cuenten con presupuesto; que no haya reducciones de éste; y que el seguimiento de la administración pública a estas estrategias y programas incluya la perspectiva de todos los derechos, son algunos de los planteamientos de la sociedad civil.
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Infografía
⇒ Parte I: Mortalidad materna: objetivo del milenio no cumplido
Parte II: México: tres muertes maternas al día
Parte III: En hospitales, mayoría de las muertes maternas
Fuente: Contralínea 333 / mayo 2013