12. mayo, 2013 Fabio Barbosa Opinión
En resumen, de los 21 pozos exitosos del año pasado, sólo en cinco se encontró el codiciado aceite: uno en Tamaulipas, dos en Tabasco y dos chiapanecos, pero como se sabe, estos cuatro últimos son extensiones de campos ya conocidos y fueron descubiertos, algunos, desde la década de 1970.
Por primera vez no se descubre nada en el Golfo de México.
Con respecto de los cuatro pozos reportados en lutitas –del que destaca Anhélido, anunciado como aceitero–, ver el cuadro 2: Pozos con objetivo en formaciones de lutitas (shale gas/oil).
Del total de los 21 descubrimientos, la gran mayoría (más del 70 por ciento) son de gas. Si bien es cierto que los veracruzanos exhiben muy importantes volúmenes de condensados respecto al gas seco, sus bajos precios hacen poco rentable, por ahora, su explotación.
Esta situación confirma la pertinencia de alertar que cada año es más difícil el descubrimiento de crudo, que la producción está disminuyendo desde hace 1 década y que es remota la posibilidad de revertir esa tendencia. México es ya, definitivamente, un país post peack oil.
El balance debe incluir los grandes fracasos de 2012, entre ellos, el pozo petrolero exploratorio Bricol, en Comalcalco, Tabasco, su perforación se prolongó casi 2 años porque se profundizó a más de 7 kilómetros. Otros casos son el Rabasa, en Agua Dulce, Veracruz, en el Presal de México, y Costero 1001, Cárdenas 901 y La Venta 1001, los tres últimos en Tabasco; así como el Ku 301, que hubiera permitido extender el área del complejo Ku-Zaap-Maloob, que aunque mantiene el viejo nombre, ahora integra cinco campos (pequeña maniobra que explica que se mantenga arriba de 800 mil barriles diarios).
Finalmente en aguas profundas, en 2012, fracasaron Talipau, Caxa y Hux y están en riesgo Trión y Supremus, porque sus formaciones muy complejas no permitieron concluir las pruebas de producción, aunque hay evidencia de que existe crudo y gas. Sobre este caso es necesario un examen, a condición de que sea bien informado.
La ubicación de los pozos nos muestra las áreas privilegiadas: 1) el Sureste, donde se descubrió Navegante con casi 2 mil barriles diarios y extensiones de Teotleco, Sunuapa y Jolote, 2) las aguas profundas y 3) las formaciones de lutitas.
En 2012, las reservas descubiertas de aceite apenas alcanzarían, en un estimado muy optimista, unos 150 millones de barriles de crudo como reservas probadas, pero la extracción ascendió a 2 millones 548 mil barriles diarios, esto es a poco más de 930 millones de barriles al año; es decir, en el mejor de los casos, se repuso una sexta parte de las reservas probadas.
Es una política no sostenible. La publicidad repite que se ha alcanzado a reponer más del ciento por ciento de reservas, porque presenta las reservas “posibles” como algo seguro de extraer, pero esa categoría agrupa recursos con sólo el 10 por ciento de probabilidad de recuperase.
Pemex espera corregir este desequilibrio entre reservas disminuidas y excesiva extracción con la reforma energética. Espera que la inversión extranjera que aplicará nuevas tecnologías mejore la tasa de éxitos, intensifique el número de pozos perforados y eleve la producción. Abriga grandes esperanzas en shale oil; el éxito de Anhélido, que descubrió aceite, asegura que en el futuro esa zona será explotada, independientemente de los problemas de escasez de agua y las repercusiones ambientales, porque se impondrá la petroadicción que padecemos.
La perforación de Anhélido se prolongó 7 meses, casi 20 veces más que los pozos gringos similares. ¿Lograrán las empresas extranjeras abatir esas diferencias y obtener costos competitivos? Hoy la producción mexicana depende de KZM (el proyecto Ku-Zaap-Maloob). Aún en el escenario más alegre, suponiendo que no colapse como Cantarell, en 2 años iniciará su declinación natural. ¿Alcanzarán nuevos campos a reponer ese declive? La sociedad mexicana necesita exámenes de distintos escenarios, conocer previsiones y estudios prospectivos.
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