He venido a esta histórica ciudad helvética, que su historia se adentra unos 2000 años atrás, para asistir a una casi doble graduación, la de Maite. Está terminando su doctorado en Genética del cáncer, le falta muy poco, pero antes ha optado por casarse con un ciudadano inglés, Justin Harris. Como padre, he estado con ella, con su respectivo regalo de unos 2,300 francos suizos y con sus invitados que venían de Londres, Copenhague, Paderborn y Munster. Los peruanos éramos los menos, ya que no es fácil hacerse presente, aun deseándolo.
Los dos primeros destapes millonarios que se hicieron por la citada fiscal suiza, vía una carta rogatoria internacional, no muy frecuente contra los bribones de cuello y corbata, fueron las cuentas: No 226.266, a nombre de la esposa de Montesinos, María Trinidad Becerra, con un jugoso saldo de $17’292,746.61 dólares USA, y la No 225.334, a nombre de Ilan Weil Levy, con el saldo de $15’184,569.41, en dos bancos de Zurich, Leumi y Fibi, ambos israelíes y que siguen operando en el centro histórico financiero de Zurich. Cuando pasé por Dianastrasse 5 y Seesstrasse 61, soportando el frío primaveral que es más intenso que un invierno nuestro, me apené por el Perú, al hacer reminiscencia que allí se depositaron los millones del presupuesto nacional por esta camarilla fujimorista, que al regresar al poder haría lo mismo. ¡Qué encanto encuentran en Suiza que no sea el secreto bancario casi impenetrable, salvo la propia delación!
Desconozco cómo terminó la investigación, en Zurich, de la fiscal Cornelia Cova, pero ella no se ha atrevido a revelar las cuentas cifradas o secretas de otros peruanos de mala ley, así como de sujetos de otros países que se guarecen en el secreto bancario de Suiza, del Japón, del principado alpino de Liechtenstein y muchos paraísos de la finanza mal habida.
Estas cuentas de la corrupción peruana e internacional sirven para mejorar el nivel de vida de los pobladores de estos lugares, y cuando sus titulares mueren, al caer un avión al mar, quedan para siempre sepultadas o perdidas. Siendo secretas, no las conoce la esposa, la amante, ni Keiko, tampoco Kenji, aunque como seguros beneficiarios gozan de su haber.
¡Si no fuera así, de dónde saldrían los millones, sino de Zurich, Suiza, para las campañas electorales generales, regionales, locales y revocatorias y para presionar por indultos “humanitarios”!
Zurich, Suiza, 4 de abril del 2013.
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