La ambivalencia
de la expresión "poner en valor" es para algunos, otorgar reconocimiento
y reivindicación a lo que se posee. Para otros, más palurdos y siempre
vinculados al lucro, consiste en dotar de mejores atractivos comerciales
en pro de una venta con más apetitosos resultados. Estriba el
cuestionamiento actual en saber ¿si una nación con 30 millones de
habitantes, dotada de los más extraordinarios ecosistemas y
biodiversidad múltiple en todas sus regiones desde la costa marina hasta
las selvas más abruptas, con recursos naturales ingentes y mal
aprovechados, es una vulgar baratija a la que hay que "poner en valor" y
venderla al mejor postor o al conjunto de secuaces que propenden a
enajenar hasta su soberanía?
Quien piense al Perú como un bien de cambio sujeto al cubileteo de
postores pirañas, atenazado a cotizaciones que hacen los poderosos para
quienes la soberanía nacional es una patraña, simplemente es un traidor
que hace las veces de agente nativo de poderes supranacionales que
deciden cuánto vende Perú, a qué precios, a quiénes, en qué tiempo y
cómo no lo hace si son propicias las escalinatas hacia abajo de la
especulación en que incurren con mucha frecuencia los monopolios
mundiales. En buena cuenta, un palurdo eslabón del sistema opresor del
capitalismo salvaje.
No pocas veces, en los dos años que tiene la actual administración
del presidente Ollanta Humala, se ha repetido la especie "poner en
valor". Ayer mismo el jefe de Estado la usó refiriéndose a la
gastronomía y a la pesca. Convendría enderezarle la pregunta ¿si
considera al Perú como una mercancía? El salió elegido en segunda vuelta
y con el respaldo de quienes creyeron en muchas promesas la mayor parte
de las cuales ya fue olvidada, pulverizada con lápidas de alto tonelaje
o descartada alevemente.
El lenguaje político en Perú tiende a la repetición truculenta de
apostillas resobadas que vienen de traducciones que "aligeran" el
trabajo de quienes las usan. Step aside, paso al costado, el galicismo
"poner en valor" y así por el estilo. En los últimos treinta años la
mediocridad comunicacional de los gorilas politicantes ha sido pavorosa y
destructiva. Y quien quiera un ejemplo inverso, basta con que fije su
observación en los inquilinos precarios de Plaza Bolívar: el Congreso.
Acaso convenga recordar -en Perú las cosas de puro sabidas, se
olvidan- que fueron numerosas las culturas preincaicas y asombrosos sus
logros ingenieriles en agua, canales, fuentes de regadío y técnicas
agrícolas; el imperio incaico, aunque breve, logró la majestuosidad de
un tamaño mayestático que tiene resabios en Chile y Argentina y hay
misterios insondables que nos dicen que fueron agrupaciones humanas y
civilizaciones portentosas de las cuales descendemos, con su cuota en el
camino y fractura, de los españoles. Por tanto, algo fuimos y no poco
debemos ser.
Entonces, para la consecución de ese presente y futuro contemporáneos
¿debemos poner en valor hasta Machu Picchu, vender el Pacífico o el
Titicaca, el gas de Camisea, los recursos mineros, la biodiversidad, a
los mejores precios posibles para enriquecimiento de gavillas
antinacionales y empobrecimiento masivo de los habitantes del Perú? Hay
gentuza aquí que ve "riqueza" y "desarrollo" y sus patrones de medición
son los centros comerciales que instalan Ripley, Saga y otras tiendas.
Al lado de esas realidades de concreto y neón, están los salarios de
hambre, el aplastamiento masivo de la dignidad de los trabajadores, la
violación total de las leyes laborales, la explotación del hombre por la
empresa y el gobierno de turno que permite la comisión de estas
tropelías.
Una nación en desarrollo, construcción y evolución, no es una
baratija al decir de cualquier efímero e irresponsable funcionario que
primero debería aprender castellano y luego incurrir en la emisión de
pensamientos integrales, respetuosos de los derechos humanos y, sobre
todo, de un acendrado amor por el Perú, sus Andes, Océano Pacífico y los
30 millones de habitantes.
No hay posibilidad de un país soberano si antes no logramos la
integración latinoamericana y la puesta en marcha de un Estado nacional y
nacionalista, premunido de firmes convicciones de aprovechar la
modernidad del mundo actual y de dinamizar la valiosa carga humana que
es uno de sus mejores estandartes.
"Poner en valor", ¡bah, huachafería barata de reducidores del espíritu nacional!
¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!
¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!
¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!
¡Sólo el talento salvará al Perú!
Lea www.voltairenet.org/es
hmujica.blogspot.com
Skype: hmujica
Herbert Mujica Roja
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