Hasta ahora no se conoce exactamente cuáles han sido las verdaderas
razones de la caída del emir de Catar, implicado directamente desde hace
más de dos años en financiar y pagar a todos los terroristas Contras
fanáticos islámicos infiltrados en Siria para fomentar una guerra civil
en dicho país. Todavía no se sabe exactamente cuál será la nueva
estrategia del nuevo emir de Catar designado por los Estados Unidos y de
la geopolítica que aplicará frente a Siria, pero lo que sí sabemos es
que las cosas están evolucionando tal como las describe nuestro colega
Pepe Escobar.

Catar ha gastado una fortuna para armar a la miríada de facciones
“rebeldes” sirias [terroristas en su mayoría ndlr], comprando de todo,
desde armas de contrabando en Libia hasta material nuevo en Croacia,
aerotransportado como carga y distribuido por los servicios de
inteligencia turcos (hay un flujo de armas alternativas desde los suníes
libaneses conectados a los saudíes). El principal proveedor de armas es
un general catarí.
Doha ha enviado Fuerzas Especiales cataríes al terreno –como en
Libia– para asesorar a “su” colección favorita de rebeldes.
Crucialmente, esas Fuerzas Especiales son instructores experimentados.
No son cataríes, sino paquistaníes.
Sobra decir que estos paquistaníes proceden de la misma tradición de
formación de los muyahidines de los años 80 y de los talibanes en los
noventa. Todos sabemos cuál fue el resultado. Rebelión.org ha informado
ampliamente de que Siria es el nuevo Afganistán, pero ahora con un bono
adicional de derramamiento de sangre yihadista, desarrollado en la
guerra de Irak, como los atentados suicidas, las decapitaciones y la
ingestión de intestinos.
No es ningún secreto que la mayoría de los rebeldes son mercenarios
[terroristas] remunerados usualmente con 1.300 dólares al mes
directamente por los cataríes y 1.000 dólares adicionales si realizan
una operación especial. Muchos de ellos han desarrollado también una
carrera secundaria como proveedores de vídeos en YouTube, el arma
preferida en las redes árabes (y por las occidentales), para demostrar
lo “malo” que es el régimen de Asad.
Junto a Washington, Doha [capital de Catar] también perpetúa el mito
de que los agentes de la CIA ayudan a examinar minuciosamente a estos
rebeldes y que el Consejo Militar Supremo recoge todas las armas y
organiza la distribución. El que crea esto también cree que las armas de
destrucción masiva de Sadam Hussein se venden en eBay.
Además, la embajada siria en Doha es única e incomparable en el
mundo, está enteramente poblada por “rebeldes”. Un duro cabildeo catarí
obligó a las 22 naciones de la Liga Árabe –que ahora es, esencialmente,
la Liga del Consejo de Cooperación del Golfo– a que entregara el puesto
de Siria a los rebeldes. La Coalición Nacional Siria (CNS) –el último y
heteróclito grupo político rebelde– fue anunciada –dónde iba a ser– en
Doha en noviembre de 2012. Dependiendo de la latitud árabe involucrada,
la agenda catarí es presentada como unificadora o divisora de la CNS.
El único elemento que se mantiene estable en la directiva de la
política exterior catarí es que no niega nada a la Hermandad Musulmana
como, por ejemplo, el apoyo a las brigadas al-Faruq que, en teoría,
controlan algunos suburbios de Alepo.
Pillados en una trampa
Con el ascenso de Tamim, el nuevo emir, la pregunta crucial es si
esta orgía de armamento, montones de dinero, cabildeo y cobertura
diplomática ha producido, o producirá, algún beneficio tangible al
emirato.
La simplista línea oficial formulada por Doha es que el emir y su
hijo aconsejaron a Asad que no reprimiera las primeras protestas sirias a
principios de 2011. Pero entonces, como si tal cosa, decidió “matar
gente” según del exprimer ministro Hamad bin Jassim, también conocido
como HBJ, dicho convenientemente en un festival oratorio de Brookings
Institution. Lo que no se admite es que Doha aprovechó la oportunidad
para que Siria se convirtiera en la nueva Libia, como cuando Catar
literalmente abrió los cielos para los bombardeos de la OTAN.
Si alguien sigue los medios corporativos occidentales y árabes, será
perdonado por pensar que Tamim es el nuevo Mesías. Se le celebra sin
cesar como el “monarca de la Primavera Árabe”, tan “joven” y “moderno”,
un corredor entusiasta de los autos y del deporte y ya orgulloso marido
de dos esposas.
Más bien es el emir de la Primavera de la Hermandad Musulmana,
considerando sus vínculos estrechísimos con la superestrella
extremadamente sectaria, el tele-clérigo Jeque Yusuf al-Qaradawi de Al
Jazeera, quien para todos los efectos prácticos ha llamado a una yihad
contra alauíes y chiíes en Siria. El jeque es uno de los asesores más
cercanos de Tamim.
Tampoco es ningún secreto que la política exterior de Catar recibe
esencialmente órdenes de Washington. Por supuesto hay matices; Catar
puede haber convencido al gobierno de Obama de que alinee su política
exterior con los Hermanos Musulmanes o el gobierno de Obama puede haber
tomado por sí mismo esa imprudente decisión. Tamim puede haber
convencido a los talibanes de que abran una oficina en Doha por sí solo,
o puede haber recibido una “sugerencia” del gobierno de Obama. Sigue
estando el hecho de que Tamim se reúne permanentemente con partidarios
incondicionales del Departamento de Estado y del Pentágono. También está
a cargo de esos preciosos contratos de armas con EE.UU. y también con
Francia.
Y luego tenemos las relaciones fragmentadas con la Casa de Saud. En
Doha se dice que Tamim fue responsable del diálogo estratégico de 2010
con los saudíes. Oficialmente es el presidente del Consejo Superior
Saudí-Catarí. Esto significa que está siempre en contacto con el jefe
supremo de los servicios de inteligencia saudíes, el príncipe Muqrin bin
Abdul Aziz quien, aparentemente, fue un gran partidario de la
transmisión del poder catarí. Tampoco es un secreto que el verdadero
poder detrás de la transmisión del poder fue la impresionante Jequesa
Mozah, la madre de Tamin.
La conexión Muqrin tiene sentido porque la Casa de Saud aborrecía
absolutamente al relativamente extravagante HBJ, aparte de albergar
extremas sospechas sobre el emir anterior. La pandilla de HBK ha sido
más o menos marginada en Doha. Tamim nombró al Jeque Abdullah bin
Khalifa bin Nasser al-Thani nuevo primer ministro. Desde ahora HBJ
estará involucrado de por vida en la vía rápida en Londres,
administrando la multimillonaria Autoridad de Inversión Catar. No es un
mal negocio.
No se sabe si la influencia de Catar en Siria seguirá siendo tan
prominente. Todos saben ahora que la CIA está juntando formidables
reservas de armas en Jordania para que se entreguen -a través de su
“complejo” sistema de examen– solo a unos centenares de rebeldes sirios
“buenos” entrenados por EE.UU. Jordania y los Emiratos se están lanzando
a la primera línea privilegiada y los saudíes suministran grandes
cantidades de armas antiaéreas portátiles. Puede ocurrir que Catar se
vea limitado a armar solo a un puñado de milicias inconsecuentes. Queda
por ver en agosto, con un publicitado ataque rebelde a Damasco.
Es probable que la guerra por encargo se haga aún más horrenda. Y no
hay ninguna garantía de que Asad se vaya. El “joven y moderno” emir de
la Primavera de la Hermandad Musulmana podría llegar pronto a la
conclusión de que está atrapado en una trampa hecha por él y por su
padre.