Al descubierto, la propaganda orquestada por el gobierno de Francia en
contra del régimen sirio. Un ejemplo: el papel de los oradores de la
Jornada de Solidaridad con el Pueblo Sirio, organizada por el Instituto
del Mundo Árabe con sede en París, quienes lejos de responder las
interrogantes del público sobre el conflicto, realizaron un “debate”
concebido en función de los intereses occidentales.

Hace más de 2 años que los grandes medios comerciales de difusión de
Francia vienen cubriendo los acontecimientos en Siria de manera
unilateral y caricaturesca, señalamiento que es también válido para
todos los países de la zona OTAN (Organización del Tratado del Atlántico
Norte) y todos los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo. Para
ellos, lo que hay en Siria –como anteriormente en Libia– es “un dictador
sanguinario que está masacrando a su propio pueblo”. Ante ese
“dictador” se alza una “valiente oposición, desvalida y pacífica” que,
al marchar sobre las huellas de la Primavera Árabe, trata de emanciparse
de una vil dominación.
Las decenas de miles de muertes que se han producido desde el
comienzo de la crisis se deben, en su enorme mayoría, a los crímenes de
las tropas leales al régimen de Bashar al-Assad. Eso es, en esencia, lo
que dicen diariamente, desde hace 2 años, a través del canal de
televisión TF1, del diario Le Monde, de la radio France Inter, del
semanario Le Point y de diarios como Libération y Le Figaro.
En este estudio propongo desmontar esa propaganda a partir del análisis de dos ejemplos concretos.
En el primero de ellos haré un detallado análisis de un debate sobre
Siria que se desarrolló el 24 de febrero de 2013 en el Instituto del
Mundo Árabe [en París, Francia], debate evidentemente “arreglado” de
principio a fin, donde se escuchó a “periodistas” profiriendo las más
increíbles mentiras, donde se oyeron incitaciones al odio, explicaciones
simplistas, tergiversaciones de la verdad y manipulaciones de los
sentimientos.
En el segundo, voy a proponer un análisis de la cobertura mediática
que se da en Francia al punto de vista de los cristianos de Siria.
Demostraré que los únicos cristianos invitados a la televisión francesa y
mencionados en los grandes diarios son los hostiles al régimen y que
lanzan llamados a armar a la oposición. Demostraré también que ese punto
de vista es minoritario en ese sector [los cristianos] de la sociedad
siria y que los medios de difusión franceses han recibido la orden u
optado por silenciar, deformar o caricaturizar los testimonios –muy
diferentes– que no van en ese sentido.
El vínculo que une ambos temas es que los dos nos permiten comprender el funcionamiento de la propaganda político-mediática.
Y no se trata solamente de una propaganda estatal en el sentido en
que es el Estado el único responsable y autor de la misma. Se trata en
realidad de una propaganda en la que se conjugan los esfuerzos del
Estado –principalmente a través del ministro de Relaciones Exteriores–,
todos los medios de prensa comerciales pertenecientes a grandes
compañías privadas, instituciones y órganos del Estado e incluso a
asociaciones que hacen el papel de fuerza militante para la organización
de los “eventos”, con una amplia utilización de millones de euros de
procedencia desconocida. Todos esos factores o elementos funcionan de
conjunto como una aplanadora encargada de imponer a la opinión pública
una versión oficial que nada tiene que ver con la verdad y de acallar
todo punto de vista que contradiga esa versión.
El falso debate del Instituto del Mundo Árabe

En el marco de la Jornada de Solidaridad con el Pueblo Sirio, del
pasado 24 de febrero, se desarrollaron, a lo largo de 12 horas una serie
de conciertos, exposiciones, presentaciones de libros y debates. La
iniciativa venía del nuevo presidente del Instituto del Mundo Árabe,
Jack Lang, y fue organizada de forma conjunta por I télé y el diario Le
Monde.
Si bien el título auguraba un tratamiento neutro en el enfoque de la
crisis siria, en realidad se trataba –como veremos claramente– de una
jornada de apoyo a “la oposición armada siria” para llamar al
derrocamiento del régimen de Bashar al-Assad.
Esto se hace evidente al analizar el principal momento de la jornada,
que consistía en un “debate” sobre el “porvenir de Siria” que se
desarrolló desde las 14:00 hasta las 16:30 horas en la sala del Alto
Consejo. El moderador fue Abderrahim Hafidi, conductor del programa de
televisión Islam que transmite France 2. Había numerosas cámaras de
televisión, como las de France24, TV5 y, por supuesto, I télé.
Diez personalidades e intelectuales estaban invitadas al “debate”,
entre ellos, como principal protagonista, “el embajador representante”
de la Coalición Nacional Siria en París, Monzer Makhous. Todos los
oradores eran decididos adversarios del régimen sirio y del presidente
Bashar al-Assad y defensores de la versión de la crisis siria que
cotidianamente nos remachan todos los grandes medios de difusión desde
hace 2 años.
Participamos en aquel debate por la curiosidad de ver hasta dónde
serían capaces los organizadores de llevar aquella farsa. A pesar de lo
acostumbrados que ya estamos a las mentiras de la versión oficial, a la
violencia verbal de los personajes que denuncian al régimen sirio y a su
presidente al-Assad, tenemos que decir que aquel domingo se rompieron
todos los récords en términos de mala fe, mentiras, tergiversación y
violencia verbal.
El debate comenzó con una corta intervención de Jack Lang, quien
agradeció a los equipos del Instituto y las asociaciones de apoyo que se
habían movilizado para aquel evento. Después, el señor Hafidi hizo la
introducción del “debate”.
Dividiré en dos partes mi recuento de aquel debate. En la primera
parte resumiré brevemente cada una de las intervenciones subrayando en
cada caso los puntos más importantes. En la segunda, abordaré en detalle
las mayores mentiras que dijeron los oradores así como las ambiguas
condiciones de organización y realización del debate.
Hafidi, presentador del programa Islam
Seguramente para respetar la neutralidad correspondiente a su
condición de moderador del “debate”, Hafidi comenzó denunciando los
“bárbaros castigos de un gobierno que no tiene corazón ni piedad”; luego
hizo un llamado a la conciencia internacional, invocó la memoria de
Albert Camus, afirmó que había que “luchar por la libertad del pueblo
sirio”, alabó la presencia de periodistas de los diarios Le Monde y
Libération en el evento. Después presentó a los participantes y anunció
que tras sus intervenciones habría un intercambio con el público.
Para introducir el debate, dijo que les había parecido conveniente
comenzar con la lectura de un poema. Una cantante y poeta llamada Sapho
leyó el poema La dame de Damas [La dama de Damasco], de Jean-Pierre
Filiu. Éste era una acusación absoluta contra el régimen de al-Assad. A
pesar de que no entraba en detalles sobre ningún hecho ni argumento, de
estar lleno de palabrería y de gritos de rabia, el poema emocionó al
público, que aplaudió prolongadamente. Hubiera resultado difícil hacer
algo más evidente que aquello en materia de acondicionamiento emocional.
El señor Hafidi dio después la palabra a los demás participantes.
Jean-Pierre Filiu, profesor de Ciencias Políticas
El primero en hacer uso de la palabra fue el autor del poema.
Presentado como “especialista”, era evidente que el hombre todavía
estaba metido en su poema. Su intervención fue una repetición en prosa
de la denuncia que ya había hecho en verso. Se indignó de que el
“bárbaro Bashar” estuviera “aún en la ONU (Organización de las Naciones
Unidas)”. “Lo que mata a los sirios es Bashar”, afirmó. Estábamos ante
“un régimen infame”, “que mata, asesina, viola a su pueblo”. Exigió que
Bashar al-Assad comparezca ante la Corte Penal Internacional (CPI) y
concluyó diciendo que “las personas que luchan tienen derecho a que se
les entreguen armas”. Su intervención no contenía casi ningún hecho y
destilaba una indignación violenta en cada una de sus palabras.
Monzer Makhous, “embajador” de la Coalición Nacional Siria
Muchos de los asistentes sentían particular curiosidad por ver y oír a
este personaje del ya célebre Consejo Nacional Sirio, pero me parece
que todos se decepcionaron. Es imposible resumir su intervención,
caracterizada por un uso extremadamente inseguro del idioma francés y
por la mala construcción de las frases: bloques de palabras encadenados
entre sí, a veces sin relación lógica. Fustigó a la ONU, diciendo que
las dos resoluciones presentadas habían sido votadas por dos miembros
del Consejo de Seguridad pero que la inmensa mayoría de los demás países
habían votado en contra (135 a 9 en uno de los casos), de lo cual podía
deducirse que el Consejo de Seguridad no servía para nada. Habló de un
atentado que había costado la vida a numerosos niños, que le atribuyó al
gobierno.
Sobre los grupos de terroristas islamistas, dijo que el régimen era
el primer responsable del terrorismo y que se había esforzado por
provocarlo para tener un pretexto que justificara la represión. Y
concluyó rindiendo homenaje a Omar Aziz, muerto en febrero pasado –según
él– “bajo la tortura” del régimen de al-Assad.
Varios miembros de la Coordinación que hablan árabe dicen que este
personaje se expresa tan mal e incoherente en árabe como en francés.
Éste es el tipo de personaje que podemos encontrar dentro del consejo de
transición sirio.
Ziyad Majed, profesor de la Universidad Americana de París
Para el señor Majed, totalmente en sintonía con el primer orador (y
con el moderador), el régimen sirio da muestras de una “extraña
imaginación criminal” y se inspira en el “sádico placer de castigar a
los esclavos”. Dice que no se menciona lo suficiente el “posible uso del
arma química”, que el régimen se ve obligado cada mes a recurrir a “una
estrategia más violenta”, que estamos ante un “régimen bárbaro que no
vacila en masacrar a su pueblo”. El señor Majed sostiene que al
principio no había terrorismo, que durante 6 meses las manifestaciones
fueron pacíficas y que es urgente armar a la oposición.
Recordó, en tono doctoral, que en las actuales circunstancias “los
periodistas tienen la gran responsabilidad de informar”. Ziyad Majed fue
el único de los 10 oradores que trató de explicar por qué no había en
el coloquio nadie que pusiera en duda la versión oficial. “¿Habríamos
aceptado en la época del Apartheid que se diera la palabra en un debate a
los defensores de la supremacía blanca?”. Eso fue más o menos lo que
dijo, y con ello estableció un paralelo cuya pertinencia ni siquiera
explicó.
Con este procedimiento insidioso se lleva al público a considerar a
las personas que ponen en duda la versión oficial de la crisis siria
como racistas defensores de una ideología inaceptable. Se trata, sin
embargo, de una comparación totalmente absurda en la medida en que son
temas que no tienen absolutamente nada que ver.
Jack Ralite, exministro
Al igual que los dos oradores anteriores, Jack Ralite lanzó una
diatriba contra Bashar al-Assad, “verdugo lleno de odio” y “dictador
asesino que masacra a su pueblo”. Trató de ofrecer una lectura de la
presencia de yihadistas en suelo sirio diciendo que se trata de un
“cuento que algunos exageran”. Agradeció el compromiso del Instituto del
Mundo Árabe y se regocijó por el progreso de la movilización francesa.
Su intervención fue la más vacía, ya que no presentó absolutamente
ningún hecho y para mostrar su erudición recurrió a múltiples
referencias sacadas de libros que nada tenían que ver con el tema.
Llovieron así citas de autores como Camus, René Char, Holderlin, Boulez,
Bukowski, Aragon y Ricoeur. El orador hablaba de forma enfática y se
veía feliz de mostrar al público lo mucho que había leído.
Es importante señalar que entre los autores que citó había miembros
de la resistencia francesa contra el nazismo, como René Char, cuya
memoria empañó (quizás sin darse cuenta pero así fue) al citarlos en
aquel contexto.
Basma Kodmani, politóloga
La intervención de Basma Kosmani fue extraña. Se lanzó en un raro
recuento de las conversaciones que dijo haber sostenido con jóvenes
participantes en la rebelión. Dijo sentirse maravillada por aquellos
muchachos que descubrían la libertad, que al fin podían comenzar a
respirar. Afirmó que aquellos jóvenes habían visto cosas horribles y que
pasaban rápidamente de la risa al llanto y viceversa.
Se emocionó al decir que había que ver con qué sentimiento cantaban
aquellos jóvenes. Según ella, la revolución permitía al fin que los
sirios hablaran. Contó la anécdota de un sirio que se maravillaba de
haber visto un cristiano por primera vez en toda su vida. No hubo en la
intervención de la señora Kodmani el menor hecho ni el menor argumento,
sólo historias de jóvenes que pasan de la risa al llanto. Lo que hizo
fue apostar por la manipulación emotiva.
Al presentar a Kodmani, Hafidi pudo mencionar los siguientes datos:
realizó sus estudios en Estados Unidos, no tiene el menor vínculo con
Siria, trabajó para la NED (National Endowment for Democracy), fue
directora de la rama régional de la Ford Foundation en El Cairo y
asistió a varios foros del Club de Bilderberg. Fue fundadora del Consejo
Nacional de Transición Sirio, al que presentó su dimisión en agosto de
2012, y el resto de la oposición la considera como “la principal
representante de los intereses de Estados Unidos”.
Jean-Pierre Perrin, reportero de Libération

Perrin comenzó presentándose como alguien que “escribe sobre Siria
desde hace 20 años”. Habló por largo rato de los acontecimientos de 1982
en Hama, donde murieron entre 15 mil y 25 mil sirios [el bombardeo de
Hama marcó el fin de la represión contra los golpes de Estados fallidos
de la Hermandad Musulmana. Se habló entonces de 8 000 muertos]. Dijo que
aquellos acontecimientos no llegaron a tener en aquel entonces el menor
eco y que él estaba desesperado.
Contó varias anécdotas de testigos de aquellas masacres, cuyos
testimonios recogió él mismo hace unos 15 años. En cuanto a la situación
actual, quiso subrayar la tortura en Siria. “En todos los países árabes
se tortura, pero en Siria se tortura por torturar”. Agregó que esto
revela una “una forma de perversión bastante extraordinaria”. Según
Perrin, se ha podido observar que los distintos servicios de
inteligencia “compiten” entre sí para saber cuál de ellos es capaz de
alcanzar el más alto grado de crueldad en la tortura. Aseguro que al
principio de la crisis se había torturado a niños.
Mencionó la anécdota de una persona que le dijo que había sido
torturada en la década de 1980 por hablar francés en la calle. Las
personas que crean que el idioma francés y su aprendizaje están
prohibidos en Siria pueden comprobarlo viendo diariamente el boletín de
noticias en francés que transmite cotidianamente la televisión
gubernamental siria, como este que corresponde al 13 de diciembre de
2012. Esa anécdota es tan grotesca como la del joven sirio que estaba
feliz de ver un cristiano por primera vez en toda su vida.
Jean-Pierre Perrin terminó su intervención diciendo que, debido a la
gravedad de la tortura en Siria, la posición que él adoptaba era menos
de “periodista” que de “humanista”. También hubiera podido excusarse por
haberse apartado del tema, ya que habló esencialmente de lo sucedido en
Hama (sin decir, por cierto, que la reacción del régimen en 1982
respondía en parte a una serie de ataques terroristas de mercenarios
infiltrados desde Jordania e Irak, en un contexto comparable al actual).
Fabrice Weismann, consejero de la dirección de operaciones de MSF
De todas las intervenciones, la del señor Weismann fue la que más
hechos presentó y la más serena. Comenzó precisando que podía hablar
solamente de “las zonas controladas por la oposición”. El problema de
esas zonas es que el gobierno sirio tiene el monopolio de la ayuda
humanitaria y es difícil enviar ayuda porque los opositores a menudo se
niegan a recibir ayuda del bando que están combatiendo.
En esas zonas hay gran número de heridos y la proporción es de tres
heridos de gravedad por un muerto. La atención se dificulta ya que,
según Weismann, el ejército sirio (y dice Weismann que ésa es su
especialidad) bombardea específicamente los hospitales y dispensarios.
Weismann atribuye esa situación a Bashar al-Assad y critica además a la
comunidad internacional que, según afirma, es culpable de haber
renunciado a la acción humanitaria.
Esta intervención, en un tono desapasionado aunque rico en matices,
es la única que aportó al público algo de información auténtica. Cabe
señalar, sin embargo, el carácter grotesco de lo que Weismann considera
como la especialidad de al-Assad: ¿Quién puede creer que un Estado
destruye voluntaria y sistemáticamente las infraestructuras vitales que
él mismo había construido?
Christophe Ayad, periodista de Le Monde
Este periodista comenzó contando una anécdota: a su regreso a Francia
se entrevistó con un comerciante al que conoce muy bien y éste se quejó
de que los medios de prensa ya no hablan de la situación en Siria. Y al
decir esto, el periodista empieza a preguntarse si sus colegas y él
mismo están haciendo realmente su trabajo sobre Siria, si en definitiva
es posible que no hayan insistido bastante o que no se haya dado
suficiente eco a su trabajo. El testimonio anónimo y no especializado
mencionado por Ayad carece de todo valor. Se necesita además un tremendo
descaro para decir que “los horrores del régimen de Bashar al-Assad” no
se mencionan lo bastante a menudo en la prensa dominante.
Ayad descubrió incluso una nueva especialidad del régimen sirio…
¡otra más!: el lanzamiento de misiles Scud sobre los barrios
residenciales, a veces densamente poblados por civiles. Contó una
anécdota de 15 niños muertos por el gobierno y concluyó su intervención
saludando la memoria de Olivier Vosin, fotógrafo muerto en el terreno el
24 de febrero pasado, de quien leyó la última carta enviada a su
compañera.
Al tratarse de un periodista estábamos en todo nuestro derecho de
esperar una visión de conjunto de la situación, pero el hombre se
concentró en las anécdotas, muy vagas, de hechos no demostrados y en
testimonios sin interés. Al igual que Jean-Pierre Filiu, a lo largo de
su intervención trató –aunque en un tono más mesurado– de tocar la
cuerda emotiva más que de recurrir a la razón.
Así, el “debate” había empezó con un poema y terminó con una canción
recitada por Sapho. El texto, de su propia autoría, era ampuloso y no
tenía mucho que ver con la crisis siria. Empezaba con versos árabes que,
al no ser traducidos, nadie entendió. Emoción y más emoción.
Intervenciones emotivas
Necesitaríamos varias decenas de páginas para responder aquí a cada
una de las mentiras y aproximaciones que contenían cada una de estas 10
intervenciones. Nos limitaremos, por lo tanto, a las más importantes,
mencionando de paso algunas curiosidades, como la nominación de Jack
Lang a la cabeza del Instituto del Mundo Árabe.
El principio de toda propaganda es recurrir a las emociones más que a
la razón. Al sumergir al auditorio o a los lectores en un mar de
emociones se ahoga su capacidad para reflexionar. Si además agregamos a
la emoción la simple repetición se obtiene un poderoso efecto sobre las
personas que no están al tanto del modo de funcionamiento de ese
mecanismo.
Los oradores recurrieron constantemente a la emoción en sus
respectivas intervenciones, manipulando sobre todo el miedo y la
indignación. Para ello contaron numerosas anécdotas sobre niños o grupos
de niños torturados y muertos. De forma sistemática atribuyeron cada
uno de esos crímenes a las tropas regulares del régimen sirio, con
elementos de prueba muy vagos o simplemente inexistentes.
La propaganda funciona con fórmulas simples y tremebundas. Fue así
que todos los oradores recurrieron a la gastada pero muy eficaz fórmula
del “horrible dictador que está masacrando a su propio pueblo”.
Exactamente el mismo método utilizado por los grandes medios de prensa
comerciales para acondicionar a la opinión pública para el derrocamiento
de Muammar el-Gadhafi y de Saddam Hussein. Es un método clásico que
funciona de maravilla para conseguir que la opinión pública acepte que
la guerra es necesaria.
La propaganda funciona mediante la repetición de las mismas fórmulas.
Dada la extrema similitud entre la mayoría de las intervenciones (y la
pobreza de su contenido), en vez de utilizar 10 oradores hubiera bastado
con tres, ya que todos recurrieron a la misma retórica simplista y
repleta de clichés emotivos. El público presente en la sala oyó
constantemente los mismos eslóganes simplistas que lo incitaban a la
indignación contra Bashar al-Assad y “su” régimen.
Resulta significativo el hecho que aquel debate –que en realidad no
fue tal– haya comenzado con un poema y terminado con una canción, que
jugaban ambos la carta de la emoción y sólo abordaban de manera muy
superficial hechos y argumentos. Era evidente que no se quería entrar a
hablar de geopolítica ni de historia ni de periodismo sino de poesía, de
música y de propaganda.
Y la propaganda tiene que ir siempre en un mismo sentido. No debe
haber voces discordantes. Es por eso que ningún representante de la
opinión contraria a la versión oficial fue invitado ni autorizado a
hacer uso de la palabra.
¿Fue aquello un verdadero debate?
En el fascículo de presentación de aquella jornada de apoyo se
anunciaba que la mesa redonda prevista desde las 14:00 hasta las 16:30
horas era un “debate”. Lo cual fue mentira. Y es por eso que desde el
principio de este trabajo hemos escrito esa palabra entre comillas.
Los 10 oradores, como ya hemos visto, recitaron el mismo discurso, a
menudo casi con las mismas palabras, y nunca hubo entre ellos ni la
menor sombra de un desacuerdo sobre ningún punto. Si, como dijo Perrin,
los verdugos sirios competían entre sí en materia de imaginación en la
práctica de la tortura, aquellos oradores se dedicaron a otro tipo de
competencia, emulando entre sí para ver cual de ellos utilizaba los
términos más duros contra “el régimen de al-Assad”.
Nos sorprendió, por otro lado, la manera como concluyó aquel
“debate”. El moderador de la mesa redonda, el señor Hafidi, había
anunciado al principio que al terminar las 10 intervenciones habría
media hora de intercambio entre los conferencistas y el público. Así que
esperamos con impaciencia aquel momento, con la esperanza de equilibrar
aquellas declaraciones después de escuchar la monstruosa cantidad de
mentiras que habían proferido aquellos personajes. Pero, sin ofrecer la
menor explicación, el moderador anunció que finalmente no habría
intercambio. La palabra “debate” perdía con ello toda su significación y
el engaño se hacía ya totalmente evidente.
Es importante señalar un detalle fundamental: una mujer quiso poner
en duda la versión oficial y hacer uso de la palabra. No sólo no se le
dio acceso al micrófono sino que además fue ignorada y finalmente
abucheada, comportamiento que ya hemos tenido a menudo la posibilidad de
observar en ese tipo de “debates”. No sólo es muy difícil lograr
expresar un punto de vista diferente sino que además quien trata de
hacerlo es blanco de abucheos, insultos y a veces se llega incluso a la
intimidación física, lo cual refleja sin dudas el alto concepto que los
defensores en Francia de la “rebelión” siria tienen de la libertad de
expresión que pretenden aportar al pueblo sirio.
Recordemos, en fin, la comparación que hizo uno de los conferencistas
en su intento de justificar la ausencia de voces discordantes: poner en
duda la versión oficial de lo que sucede en Siria sería como defender
el Apartheid en Sudáfrica. Es ésta una comparación lanzada al público
como un ladrillo, sin la menor argumentación, y que sólo puede
interpretarse como un grave insulto. Una comparación vergonzosa para su
autor, Ziyad Majed, pero que refleja a la perfección la mentalidad de
los participantes.

La hipótesis de la explotación del terrorismo por parte del “régimen”
Ese argumento se basa en una increíble fábula: las cantidades de
muertos que el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH) anuncia
diariamente sin proporcionar absolutamente ningún detalle sobre la
identidad de las víctimas. En realidad, las fuerzas del orden y el
ejército sirios han sufrido gran número de bajas a manos de los grupos
armados, bajas cuyo número representaba en determinado momento una
tercera parte del total de víctimas. Por cierto, los miembros del
ejército que caen en manos de los mercenarios son sistemáticamente
torturados y asesinados. ¿Cómo podría el régimen inventar grupos
terroristas totalmente fabricados para asignarles como misión la de
atacar a su propio ejército? Con eso no haría más que desmoralizar a su
propio ejército y provocaría una grave crisis de confianza que llevaría a
los soldados a desertar masivamente.
También se sabe que los mercenarios tenían como blanco predilecto, al
comienzo del conflicto, a los cristianos y alauitas, considerados
favorables al régimen. ¿Por qué razón se dedicaría ese régimen a sembrar
el terror precisamente entre las poblaciones que lo respaldan? El
simple sentido común nos indica que la hipótesis de la explotación del
terrorismo por parte del régimen no es más que una gran mentira.
Una mentira que, por demás, está lejos de ser gratuita. Durante mucho
tiempo los grandes medios de difusión negaron la presencia de los
terroristas yihadistas en suelo sirio. Al prolongarse la situación e ir
acumulándose las pruebas de esa presencia y las noticias sobre sus
crímenes, ya se ha hecho imposible a los grandes medios seguir negando
lo que ya es evidente. Pero como la verdad no concuerda con la versión
oficial inicial, había que explicar de alguna manera por qué se
reconocía una parte de esa verdad. Así que, después de haber negado la
existencia [de los terroristas], los grandes medios tuvieron que adoptar
esa interpretación conspiracionista y mentirosa. Del negacionismo
pasaron al conspiracionismo.
Hay que recordar que ese fue el tipo de explicación que publicó el
diario Le Monde sobre el atentado que decapitó el Estado Mayor sirio, el
18 de julio de 2012. [Explicó entonces que] Bashar al-Assad quiso
realizar una purga para consolidar la autoridad que se le estaba yendo
de las manos. Una interpretación absurda, pero muy comprensible cuando
la consigna de obligatorio cumplimiento es que absolutamente todo lo
malo tiene que venir de “Bashar al-Assad y de su régimen infame que está
masacrando a su propio pueblo”. Algo muy digno de la herramienta
ideológica mundialista en la que se ha convertido con el paso de los
años el diario francés Le Monde.
La hipótesis de la irrupción tardía del terrorismo en Siria
Nunca se insistirá lo suficiente en la gravedad de esa mentira.
Veamos varios hechos citados por Bahar Kimyongur en su libro Syriana,
publicado a fines de 2011 por la casa Investig’action. Todos estos
hechos (que no son más que una muestra) tuvieron lugar durante el
periodo en el que los oradores afirmaban que sólo hubo manifestaciones
pacíficas:
“17 de abril, ocho miembros de las fuerzas de seguridad son
degollados en una pequeña comuna de la periferia de Deraa”; “8 de mayo,
10 policías son degollados a sangre fría en Homs”; 19 de abril, varios
oficiales son salvajemente masacrados. Tres niños [hijos] de un general
sirio son asesinados con un sable”; “7 de junio, 120 militares y
policías son atacados en su cuartel de Jisr el-Choughour, en la frontera
turco-siria, y decapitados después de muertos. Pero Al-Jazeera y la BBC
hablan de… ¡120 manifestantes pacifistas asesinados por las fuerzas de
seguridad! Otros medios de prensa tratan de inventar un supuesto motín
aplastado por sus superiores”; “21 de julio, 13 soldados mueren y 100
resultan heridos en varios enfrentamientos con grupos armados en la
ciudad de Homs”.
Para cerrar esta macabra lista, nos limitaremos a recordar el
episodio particularmente atroz que se produjo al principio mismo de los
acontecimientos. El 2 de abril de 2011, Nidal Jannoud (alauita), guardia
del club de oficiales de la ciudad de Banyas, en la costa del
Mediterráneo, es interceptado, camino del mercado, por un grupo de
hombres armados. Como los terroristas siempre se toman el trabajo
(seguramente por amor a los derechos humanos) de filmar los crímenes que
cometen, tenemos incluso un video del linchamiento. En éste puede verse
que, después de haberlo torturado, después de haberle lacerado
espantosamente el rostro, los rebeldes lo acribillan a tiros de arma
automática. Los 20 culpables fueron localizados, confesaron su crimen y
fueron condenados (las imágenes de video son irrefutables).
Posteriormente se supo que uno de los participantes en el linchamiento
fue uno de los cabecillas de una manifestación “pacífica” que reclamó la
caída del régimen en la misma ciudad. Seis días después, nueve soldados
sirios perecen en una emboscada tendida por un grupo armado.
Las historias de ese tipo son por desgracia demasiado numerosas como
para que podamos contarlas todas aquí. Demuestran de forma irrefutable
el accionar violento y cruel de los grupos armados que estuvieron
operando en suelo sirio desde el comienzo mismo de los acontecimientos.
Es imposible creer que “especialistas” como los conferencistas del
Instituto del Mundo Árabe no tuvieran noticia de esos hechos. Tal
suposición sería un insulto a sus “diplomas” y a quienes les dan empleo
(como el diario Le Monde, por ejemplo). Son personas que, aunque conocen
esa realidad, optaron por esconderla a los ciudadanos que asistieron al
encuentro organizado en el marco de aquella jornada. Su actitud resulta
especialmente chocante cuando se comprueba el grado de barbarie
demostrado por los mercenarios extranjeros al torturar y asesinar a sus
víctimas.
La hipótesis del uso de armas químicas
El posible uso de armas químicas en Siria era un argumento esperado y
fue nuevamente utilizado por Ziyad Majed. Se trata, en efecto, de una
temida posibilidad… que acabó por concretarse.
El 19 de marzo de 2013 se utilizó un cohete químico contra la aldea
de Khan el-Aklass, en la periferia de Alepo. El lugar, ocupado durante 1
mes por el Frente al-Nusra, acababa de ser reconquistado por el
ejército sirio. El cohete dejó 30 muertos (mujeres, niños, viejos y
soldados), además de un centenar de intoxicados. Los aldeanos
denunciaron unánimemente el punto de origen del disparo: una zona
controlada por el Frente al-Nusra.
De forma sorprendente esta información prácticamente no se mencionó
en los grandes medios de la prensa comercial, quizá porque era imposible
reflejar el hecho de forma que encajara con cierta lógica en la versión
oficial. Imaginen ustedes la publicación de la siguiente noticia:
“Assad dispara cohetes químicos sobre las aldeas que su ejército libera
de una organización terrorista (el Frente al-Nusra) y mata así a los
civiles que anteriormente protegía”. Habría que ser completamente
estúpido para creer algo así, sobre todo cuando el señor Assad sabe
además que el uso de armas químicas puede desatar automáticamente una
operación decisiva tendiente a derrocarlo.
El silencio de los medios sobre ese hecho se explica sin duda porque
se dan cuenta de que no pueden achacar ese crimen al presidente Assad;
sería demasiado difícil de creer. Por lo tanto, en vez de recurrir al
habitual bombardeo mediático, sólo lo mencionan muy brevemente, sin
entrar en detalles y poniendo a los dos bandos en el mismo plano sin la
menor explicación.
Este horrible ejemplo demuestra que, para los medios de prensa y para
el gobierno francés (con el presidente François Hollande y su ministro
de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, a la cabeza), el problema no
es el uso en sí de las armas químicas sino quién las utiliza. Si los
“rebeldes” usan armas químicas… no es tan grave. Pero si quien las usa
es el régimen de Bashar, está cruzando una línea roja y hay que
dedicarle al hecho la primera plana durante 15 días consecutivos en
todos los grandes periódicos que el Estado francés subvenciona.
Las manipulaciones que van desde las infames comparaciones con el
Apartheid hasta las denuncias infundadas sobre el posible uso de armas
químicas nos demuestran que hay gente que no vacila ante nada en el
marco de la mentira organizada, que es la cobertura de los medios de la
prensa comercial francesa sobre lo que sucede en Siria.

Lang, el organizador del evento
La persona que organizó esta jornada de respaldo a la rebelión y de
exhortación al derrocamiento del régimen sirio no es otra que el
recientemente nombrado director del Instituto del Mundo Árabe, Jack
Lang. Si bien éste cuenta con una indiscutible experiencia como
estadista y en el campo de la cultura, su currículum no incluye nada que
haga pensar que es un conocedor del mundo árabe. Se trata incluso de
una región que parece conocer bastante mal: Lang ni siquiera habla el
idioma que da nombre al instituto que ahora dirige. Es por consiguiente
un hombre desprovisto de toda legitimidad intelectual quien organizó
esta Jornada de Solidaridad con el Pueblo Sirio, iniciativa que puede
interpretarse por lo tanto de las siguientes maneras:
Al desconocer la situación actual y la historia de Siria, cuya
complejidad ignora y cuya lengua no habla, y al tener que ocuparse
también de otros 1 mil asuntos vinculados a otros países árabes,
simplemente no tuvo tiempo de informarse correctamente sobre la realidad
existente en el terreno y es por lo tanto él mismo vulnerable a la
propaganda de medios como Le Monde e I télé, que presentan lo que
acontece en Siria con la misma visión unilateral y diabolizante.
Como miembro del Partido Socialista y partidario del actual gobierno
(que en nada se diferencia del anterior en su enfoque sobre la crisis
siria), Jack Lang sirve ocasionalmente de repetidor y correa de
transmisión de la propaganda del gobierno francés. La jornada no sería
entonces fruto de una iniciativa personal sino de una iniciativa
gubernamental.
Es evidente, en todo caso, que la nominación de una personalidad tan
carente de preparación para dirigir el parisino Instituto del Mundo
Árabe no puede menos que despertar la más profunda suspicacia.
Una comparación pertinente
Para entender mejor la envergadura del fraude que representó aquel
“debate” hay que compararlo con otros eventos similares. Cuatro días
antes, el 20 de febrero de 2013, pudimos asistir, algunos (Alain Corvez y
Alain Benajam) incluso participaron, en un coloquio intitulado “Crisis
en Siria: desafío a la diplomacia mundial”.
Organizado por la Academia de Geopolítica de París y celebrado en un
anexo de la Asamblea Nacional, este coloquio se distinguió del falso
debate del Instituto del Mundo Árabe en los siguientes aspectos: los
participantes, en su mayoría, criticaban total o parcialmente la versión
oficial que nos remachan los grandes medios comerciales de prensa; el
moderador del coloquio, el presidente de la Academia de Geopolítica,
mantuvo una postura neutral desde el principio hasta el fin del
encuentro; no asistió ninguna televisión, al parecer no creyeron útil
reportar el evento (o asociarse a él), que por lo tanto sólo tuvo un eco
insignificante en la opinión. Bassam Tahham, el octavo participante en
hacer uso de la palabra en el coloquio reveló que el canal televisivo
France24 (que sí cubrió el “debate” en el Instituto del Mundo Árabe) lo
tiene excluido de sus transmisiones desde hace 2 años porque su opinión
personal no va en el sentido de la propaganda del gobierno francés.
Además, aunque algunos participantes recurrieron a la cuerda emotiva,
en su conjunto se concentraron en los hechos y argumentos, llamando más
a la razón que a la emoción; los participantes situaron la crisis siria
en el contexto histórico, informando que la actual situación tiene su
origen en la década de 1920, lo cual no señalaron ninguno de los
conferencistas del Instituto del Mundo Árabe; al final de cada
intervención, todas las personas presentes en la sala podían hacer
preguntas sin la menor censura; los participantes expresaron, a veces
con vigor, puntos de vista opuestos sobre varios puntos generales o
sobre cuestiones de detalles. No se sentía, como en el Instituto del
Mundo Árabe, la impresión de estar ante un grupo de clones invitados
para repetir sin argumentos las mismas consignas simplistas que incitan
al odio; el papel de los medios de difusión fue unánimemente criticado,
mientras que los conferencistas del Instituto del Mundo Árabe los
homenajearon.
En pocas palabras, la verdadera “Jornada de Solidaridad con el Pueblo
Sirio” y su famoso “debate” no tuvieron lugar el 24 de febrero de 2013
en el Instituto del Mundo Árabe sino en la sede de la Asamblea Nacional,
en el marco del coloquio organizado por la Academia de Geopolítica de
París, encuentro que ningún medio de prensa se molestó en cubrir.
Conclusiones
Las observaciones reunidas en este resumen nos permiten llegar a una serie de conclusiones:
El
conjunto de intervenciones de los conferencistas del evento del
Instituto del Mundo Árabe de París no puede de ninguna manera
calificarse como “debate”.
El
título mismo de la “Jornada” (“Jornada de Solidaridad con el Pueblo
Sirio”), que parecía neutro, fue un engaño. El título “Jornada de
Exhortación al Derrocamiento del Régimen de Bashar al-Assad” hubiera
sido más apropiado.
Al
exhortar unánimemente a armar a “la oposición”, los conferencistas
aceptan la posibilidad de que esas armas caigan en manos de los
mercenarios que cometen los atentados terroristas y masacres registrados
en Siria. Admiten además el riesgo de convertirse en cómplices de
crímenes contra la humanidad y mienten al afirmar que durante los
primeros meses de la crisis sólo hubo manifestaciones pacíficas.
Los conferencistas no respetaron la verdad al decir que el único terrorismo que existe en Siria es imputable al gobierno sirio.
Jack
Lang no cuenta con la menor legitimidad para dirigir el Instituto del
Mundo Árabe y debe ser considerado en este asunto como una simple correa
de transmisión de la propaganda gubernamental.
Al
ser el Instituto del Mundo Árabe una institución financiada con fondos
públicos, en su gran mayoría franceses, la organización de aquel evento
es una forma de desvío de fondos públicos con fines de propaganda.
El
argumento utilizado para justificar la ausencia de partidarios de una
opinión diferente en aquel “debate” (comparando el tema sirio con el
antiguo debate sobre el Apartheid sudafricano) es un argumento vil e
infundado.
Aquel
“debate” evidenció nuevamente que el objetivo de los grandes medios
comerciales de prensa no es informar sino dirigir la propaganda
gubernamental y justificar guerras injustas. En aquel “debate” fueron
aún más lejos: no sólo cubrieron masivamente el evento sino que algunos
de ellos –como Le Monde e I Télé– incluso se asociaron a él. Por
supuesto, al igual que el Instituto del Mundo Árabe, el diario Le Monde
no es independiente, ya que el Estado lo financia con 17 millones de
euros al año. Su papel como diario de referencia del pensamiento único
consiste en servir de repetidor de la propaganda del gobierno, aún a
costa de mentirle a sus lectores. Por desgracia, eso está ya más que
demostrado.
Aquel
“debate” demostró no sólo que “el Estado” controla los medios de prensa
sino también que no vacila en poner a sus testaferros a la cabeza de
institutos financiados con fondos públicos, utilizando así el dinero del
contribuyente con fines de propaganda. Cabe incluso preguntarse si
todavía podemos hablar de “Estado” en el caso de Francia. Esa
interrogante viene inmediatamente a nuestras mentes cuando comprobamos
el sistemático alineamiento de los gobiernos, ya sean de derecha o de
izquierda, con las posiciones europeístas y atlantistas.
Más
generalmente, los medios comerciales de prensa aplican al pie de la
letra la consigna de limitarse a divulgar una sola opinión sobre la
crisis siria.
Podemos concluir este trabajo afirmando que aquel debate fue una
operación de manipulación de la opinión pública. Su financiamiento con
fondos públicos hace más escandalosa la manipulación. Es una nueva
prueba de la constante disolución del Estado francés, de su sumisión a
los intereses extranjeros y del compromiso cada vez más evidente de los
medios de prensa comerciales franceses, como Le Monde e I Télé.
Fuente:
Contralínea 337 / junio de 2013
Enlace:
http://www.voltairenet.org/article178793.html