lunes, 8 de abril de 2013

Lecciones del rescate de Chipre

Por los pelos. Los medios informan que Chipre se ha salvado por el canto de un duro de su expulsión de la Eurozona. ¿Salvado? La crisis, también en Chipre, es consecuencia directa de las maldades neoliberales: financiarización de la economía, baja fiscalidad, descontrol de movimientos financieros, opacidad bancaria, especulación… Y con completa certeza podemos afirmar que tales perversidades no han sido enmendadas, ni siquiera reconocidas como tales.

7. abril, 2013 Xavier Caño * Opinión
¿Chipre salvado? Grecia fue el primer país rescatado de la crisis en mayo de 2010; también Irlanda y Portugal. Y luego España recibió ayudas multimillonarias para sus maltrechos bancos. Como en esos países, las medidas de austeridad impuestas a Chipre reducirán sus ingresos fiscales, debilitarán al Estado al privarlo del sector público y convertirán su economía en un espejismo (algo sobre lo que los medios han pasado de puntillas). Además de medidas financieras, ese rescate supone duras medidas de restricción que sufrirá la ciudadanía: recortes presupuestarios, reformas (léase pérdida de derechos), privatizaciones y reducción del déficit. Siempre reducción del déficit, como en Grecia, Portugal o España. Diversos analistas aseguran que por ese camino Chipre seguro caerá en los próximos años en una depresión que supondrá una rebaja del 20 por ciento de su producto interno bruto. Además de mayor sufrimiento personal masivo, empobrecimiento de gran parte de la ciudadanía y aumento de la desigualdad. Pero según el diario Fileleftheros (Grecia), la troika pretendía aplicar medidas de austeridad aún más duras. La única noticia aceptable es que, finalmente, los pequeños ahorradores no serán desvalijados de su dinero para salvar bancos. Por ahora.
Sin embargo, como buena muestra de la necedad de la Comisión Europea, al comisario de Servicios Financieros, Michel Barnier, le faltó tiempo para prometer que los controles financieros aprobados sólo se aplicarán algunos días, porque cualquier restricción a la libertad de capitales, dijo, sólo puede ser “excepcional y temporal”. No aprenden.
Ni se enteran de que la crisis europea es justamente fruto del descontrol financiero establecido por los tratados de Maastricht, Países Bajos y Lisboa, Portugal, con la consagración de la reducción del déficit como nuevo becerro de oro y una generosa patente de corso para que los capitales hagan lo que les dé la gana sin control ni norma alguna, al supeditar así los gobiernos soberanos a los beneficios de la banca.
En tal escenario de torpeza, ceguera y prepotencia de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional, Angela Merkel ha calificado el acuerdo chipriota como apropiado, porque “obliga a asumir responsabilidades a quienes han contribuido a causar los problemas”. Aparte de dudar de que Merkel tenga la menor idea de quiénes son los verdaderos responsables de la crisis en Europa, si se trata de que rindan cuentas los responsables de la crisis, ¿qué hacemos, por ejemplo, con Mario Draghi, Mario Monti y otros “infiltrados” de la gran banca en la Unión Europea, cuyas acciones u omisiones contribuyeron sin duda a la crisis-estafa? Acciones como falsear y maquillar las cuentas griegas que perpetró Goldman Sachs para que Grecia ingresara en la Eurozona. Banca de la que Draghi y Monti eran preclaros directivos. Pero no hay nadie en la cárcel, ni siquiera procesado.
Puesto que en Chipre se repite en esencia lo ocurrido en Grecia, Irlanda, Portugal, España, etcétera, cabe dar por buena la conclusión de Luis García Montero: “el capitalismo ha declarado una verdadera guerra de los ricos contra los pobres, de los mercados contra la soberanía cívica”. Y, por si hay duda, recordemos a Thomas Jefferson, quien hace 211 años diagnosticó que “los bancos son más peligrosos para nuestras libertades que ejércitos listos para el combate. Si el pueblo americano permite que los bancos privados controlen su moneda, privarán a la gente de toda posesión, primero con la inflación y enseguida con la recesión.” Lo que es aplicable a Europa y al mundo, por cierto.
Y, ya en esa línea de defendernos del poder financiero, el antropólogo británico Chris Knight recomienda que, puesto que “ricos y poderosos son responsables de saqueos y violencia a muy grande escala, detengamos ahora y condenemos a esos criminales de alto nivel, y ya nos ocuparemos luego de los pequeños”.
Un buen programa tras estudiar lo que ocurre en Chipre y por supuesto, en el resto de Europa.
*Periodista y escritor
Fuente: Contralínea 329 / abril 2013

La marcha de la insensatez

“Una reforma engañabobos, entreguista, que va a saquear al país”. ¿A quién le quieren entregar el país? ¿Por qué el saqueo tan ramplón?

 

7. abril, 2013 Marcos Chávez * Opinión
Ricardo Monreal
Entre la demagogia que rezume a borbotones el proyecto (contra) reformador de Enrique Peña Nieto se escapan las verdades lacerantes que sus promotores y sus publicistas no logran dulcificar con los placebos de su retórica fatua, con el objeto de que la población las trague plácidamente. En su “conjura contra la nación”, siempre tratan de “engañarla con los mismos eufemismos y argumentos insostenibles”, como diría Manuel Bartlett.
Para tratar de justificar el nuevo ciclo neoliberal reprivatizador de los sectores estratégicos de la nación: el energético, las telecomunicaciones, la infraestructura, su apertura al pillaje indiscriminado por parte del empresariado local y foráneo, su trasnacionalización, los peñistas no han dudado en emplear la desgastada y desacreditada verborrea escuchada durante los gobiernos priístas y panistas desde el periodo de Miguel de la Madrid.
De la Madrid inició el proceso de demonización ideológica del Estado al responsabilizarlo de todos los males del país, para luego proceder políticamente al desmantelamiento de su estructura económica-social: el recorte del gasto (corriente, social y de inversión) y la reducción de la administración central: la asfixia presupuestal de las empresas paraestatales, el alza de sus precios y servicios para compensar dicho castigo, complementado con la mutilación de los subsidios que beneficiaban a la población, la agudización de su saqueo fiscal (como es el caso de Petróleos Mexicanos, Pemex), su desaparición y venta en turbios procesos (ingenios, intermediarios financieros, Imevisión, Teléfonos de México, etcétera), la reprivatización de sectores vitales propiedad de la nación (la petroquímica, por ejemplo), de dominio directo, inalienable e imprescriptible, resguardados por el Estado, bajo la coartada de que no eran del interés público. Carlos Salinas de Gortari lo ahondó con el subterfugio de su “modernización” neoliberal y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
El nuevo Porfirio Díaz-Salinas y su José Ives Limantour-Pedro Aspe (los gurús de Enrique Peña y Luis Videgaray), por la puerta trasera, por encima de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, con la legislación secundaria, el reglamento de 1989, la Ley de Inversión Extranjera de 1973 y la sustitución de ésta por la de noviembre de 1993, franquean el paso al capital foráneo, una de las piezas centrales del nuevo proyecto que cumple al menos tres funciones: financiar al modelo (complementar la inversión interna pública y privada; aportar las divisas para corregir el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos y reforzar las reservas internacionales del banco central), mantener la estabilidad de la moneda (vital para la desinflación) e integrar (subordinar) la economía mexicana a la estadunidense, al ofrecerles un trato nacional y de nación más favorecida sin una correspondencia similar más allá del papel. La reglamentación abre las puertas del mercado financiero (bolsa, banca y otros). La ley, las puertas de la economía, con algunas áreas estratégicas reservadas al Estado (petróleo y demás hidrocarburos, petroquímica básica y electricidad, entre otras) y al sector privado (radiodifusión y televisión, distintos de televisión por cable, comercio al por menor de gasolina y distribución de gas licuado de petróleo; hasta el 51 por ciento en instituciones de seguros y de fianzas, casas de cambio, administradoras de fondos para el retiro, pesquerías, puertos). Salvo esas excepciones, temporales porque los gobiernos subsecuentes se encargan de eliminarlas gradualmente, todo es terreno virgen de conquista y de rapiña: la inversión en los sectores agropecuarios, la minería, la industria, los servicios (entre éstos se permiten en la telefonía celular, la construcción de ductos para la transportación de petróleo y sus derivados y la perforación de pozos petroleros y de gas), las coinversiones, la compra de empresas. No sólo se les ofrece una seguridad jurídica que usurpa la letra y el espíritu de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y el sometimiento de las disputas en los tribunales internacionales (estadunidenses). Además, se allanan los obstáculos al libre movimiento de capitales (entrada-salida cuando quieran, compra-venta de divisas, transferencias de utilidades y pagos por regalías, patentes y marcas sin límites, dispensa en el pago de impuestos en las operaciones bursátiles).
Si Porfirio Díaz y José Yves Limantour modificaron la Constitución de 1857 para permitir la entrada del capital inglés y estadunidense a la explotación minera y, tras la crisis de 1892, la creación de nuevas industrias, ¿por qué la “modernización” de Salinas y Aspe no podían emular la “modernización” de aquéllos?
Ernesto Zedillo y Vicente Fox ampliaron la brecha aperturista a la inversión privada local y extranjera con el caballo de Troya de los proyectos de infraestructura diferidos en el registro del gasto (Pidiregas), mutados a proyectos de inversión de largo plazo en Pemex y la Comisión Federal de Electricidad (la generación privada se inició con Salinas en 1994), los contratos de servicios múltiples en la exploración y explotación de hidrocarburos, a plazos de 10 a 20 años, y en la concesión de otras obras públicas y sectores económicos. Zedillo entregó el sector financiero a los inversionistas extranjeros y desempolvó los “contratos riesgo” firmados por Miguel Alemán –el cachorro de la Revolución o Míster amigo– con cinco firmas petroleras estadunidenses para que explotaran y extrajeran el crudo en zonas determinadas en el Golfo de México, el cual deberían entregar a Pemex a cambio de una quinta parte del valor del hidrocarburo (además de que indemnizó a la Compañía Mexicana de Petróleo El Águila, expropiada por Cárdenas). Felipe Calderón siguió con los contratos de servicios integrales y la asociación público-privada.
Todos asumieron como propias las contrarreformas estructurales neoliberales impuestas por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el “Consenso” de Washington y la Organización Mundial de Comercio que exigen, a cambio de su bendición, la jibarización del Estado, la privatización económica y la eliminación de los controles internos y externos a la inversión foránea, directa y especulativa, que obstaculizan la acumulación de capital global bajo la hegemonía industrial-financiera.
Todos usaron las mismas justificaciones: “modernización”, “capitalismo popular”, “insuficiencia de recursos públicos”, “importancia de esos capitales para estimular la creatividad privada”, “más recursos financieros disponibles”, “inversión, transferencia y asimilación de las nuevas tecnologías”, “eficiencia”, “competitividad”, “exportaciones”, “crecimiento”, “empleo”, “mejores salarios y bienestar”, “recaudación fiscal”, “acceso a bienes y servicios de mayor calidad y menores precios…”. Todas las mentiras que se les ocurrieron para vender el paraíso perdido del “mercado libre”. Todos evitaron llamar las cosas por su nombre: privatizaciones, desnacionalización, entreguismo, vasallaje.
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Ahora los peñistas manosean la misma fraseología (“modernización”, “escasez de recursos financieros”, “redimensionamiento”, “capitalización”, “complementación”, “inversión conjunta”, “democratización de la productividad”, “pluralismo económico”, “apoyo a la economía familiar”, “reducción de precios”, “tecnología”, “inversión”), para defender las mismas políticas: el “acceso al capital privado sin perder la soberanía del Estado”, “una amplia participación del sector privado en el suministro de energía, en hidrocarburos, nueva infraestructura de transporte de gas natural por ductos, en electricidad, en las áreas que permita la regulación vigente”, en palabras de Enrique Peña; “de la mano de las más grandes compañías petroleras del mundo por primera vez en medio siglo (Emilio Lozoya), con “empresas líderes en el ramo de la petroquímica y esquemas de suministro de largo plazo” (Estrategia Nacional de Energía); la apertura total de la inversión extranjera directa en telecomunicaciones y comunicación vía satélite, y hasta el 49 por ciento en radiodifusión, en todos los sectores, según el Pacto por México. Aunque lo prohíba la Constitución, Enrique Peña y los partidos Revolucionario Institucional, Acción Nacional, Verde Ecologista de México y parte del de la Revolución Democrática –el presidente nacional de este último, Jesús Zambrano, dijo: ‘‘la participación de la iniciativa privada en el sector energético de ninguna manera la vetamos [sic]. Al contrario, se requiere que participe”– la burlarán con sus contrarreformas en las leyes secundarias. Al cabo, la Carta Magna es un pedazo de papel donde yace muerta la legalidad. Además, como dice cínicamente el senador priísta Manuel Cavazos –señalado por su posible vínculo con presta-nombres y negocios del crimen organizado, como cómplice en el tráfico de armas de Estados Unidos a México– “en el diccionario del PRI (Partido Revolucionario Institucional) no existe la palabra privatización, sino la palabra modernización”.
A Enrique Peña y su equipo no les importa que todo sea una farsa. Que los costos de la apertura a la inversión local y foránea hayan sido premeditadamente perversos, antisociales, antinacionales. Que fracasaran en toda línea. El caso más ilustrativo es la quiebra del sistema financiero de 1995. Que repitieran los mismo fiascos que en el resto del mundo donde se adoptaron las mismas políticas, salvo en China o la India, entre otros, que no adoptaron el fundamentalismo neoliberal, y que gobiernos democráticos postneoliberales, como los de Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador y Venezuela empiecen a estatizar sus recursos y a restablecer los controles a la inversión extranjera con mejores resultados. Que se incumplieran todas las promesas previas. Que el insoportable hedor a corrupción rodee a las reprivatizaciones grotescamente disfrazadas. Que los ejecutivos violentaran una y otra vez el orden constitucional con la complicidad de los poderes Legislativo y Judicial.
Lo único que importa es el éxito alcanzado con la depredación, el saqueo, el entreguismo y la pérdida de soberanía: el enriquecimiento de los hombres de presa internos y externos, así como de la elite política. Ése es el verdadero objetivo.
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Las virtudes exaltadas de la inversión extranjera son un mito. La financiera sólo ha traído la inestabilidad macroeconómica permanente, los ciclos especulativos y el devastador colapso de 1995. En 1940-1982, con la economía cerrada, la intervención pública y las regulaciones a dicha inversión apenas ingresaron poco más de 14 mil millones de dólares (MMDD). Pero el crecimiento fue de 6.3 por ciento en promedio real anual. En 1983-2012 llegaron 573 MMDD y sólo se creció 2.4 por ciento. Pese al ingreso masivo, la inversión total equivalió a 20 por ciento del producto interno bruto (PIB) en 2012 contra el 27 por ciento de 1981. En 1993-2012 la inversión extranjera equivalió a 2.4 por ciento del PIB en promedio, y 13 por ciento de la total. Con baja inversión y mediocre crecimiento era imposible que mejorara el empleo. En 2012, más del 52 por ciento de trabajadores (25 millones, de 48 millones) estaban desocupados, no recibían ingresos, habían de buscar un empleo o migrar hacia Estados Unidos.
Lo anterior es responsabilidad de la caída de la inversión pública (de 12 a 4 por ciento del PIB en 1981-2012), la decisión del capital extranjero de remitir el 48 por ciento de sus ganancias a sus matrices –85 MMDD de 175 MMDD– en 1983-2012; el total equivale al 80 por ciento de sus nuevas inversiones: 219 MMDD (la mayoría estadunidenses). La preferencia de los empresarios locales por invertir afuera (94 MMDD en 2000-2012). El uso de tecnologías intensivas de capital, excluyentes de mano de obra, que poco o nada tienen que ver con el desarrollo interno sino con las necesidades de las empresas. La baja compra de insumos nacionales por los inversionistas externos (3 por ciento en promedio) por lo que su demanda beneficia al lugar donde las importan. La preferencia por comprar, fusionarse y desplazar a empresas locales antes que crear otras. Su efecto favorable sobre el comercio exterior es otra quimera. Las exportaciones aumentaron 1 mil 442 por ciento en 1982-2012 (de 24 MMDD a 370.9 MMDD), pero las importaciones lo hicieron en 2 mil 79 por ciento (de 17 MMDD a 370.7 MMDD), por lo que el saldo comercial es crónicamente deficitario, salvo después de las crisis.
La inversión extranjera no busca apoyar el crecimiento. Sólo busca los bajos salarios, los subsidios y exenciones fiscales (por lo que casi no pagan impuestos), los recursos naturales que puede saquear impunemente, la posibilidad de destruir y contaminar el ambiente tranquilamente. El único “impuesto” que está dispuesta a pagar es el de la corrupción, como lo sabe WalMart. Sus jugosas ganancias compensan ese “costo”.
En las siguientes entregas revisaremos las falacias reprivatizadoras peñistas del sector energético.
*Economista
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 http://www.voltairenet.org/article178090.html

Autonomía universitaria

En México el derecho constitucional de todo individuo a recibir educación representa una de las obligaciones primigenias del Estado. Para realizar la función educativa pública, el Estado adopta diversas formas de organización administrativa: de manera directa; en forma centralizada y desconcentrada –por conducto de la Secretaría de Educación Pública– a través de organismos descentralizados; o bien delega la responsabilidad, especialmente en educación media superior y superior, a las universidades e instituciones autónomas por ley.

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La autonomía universitaria sólo puede provenir de un acto legislativo formal del Congreso de la Unión, de los congresos de los estados o de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Es un atributo jurídico que la ley concede a los organismos descentralizados, basado en el principio de que las universidades públicas tienen la facultad y la responsabilidad de gobernarse a sí mismas. A partir de ello, por su naturaleza y para cumplir sus fines de educar, investigar y extender la cultura, para decidir la estructura y forma de su gobierno, para determinar la orientación y el contenido de sus planes y programas de estudio e investigación, para fijar las condiciones de ingreso, promoción y permanencia de su personal académico y para administrar su patrimonio, las universidades autónomas deben organizarse en forma autónoma, es decir, sin estar adscritas a ninguno de los Poderes de la Unión y al margen de los partidos políticos.
Como puede observarse, la autonomía universitaria representa la forma extrema y última de organización administrativa del Estado (después de la autonomía universitaria se encuentra ya otro Estado soberano) y tiene como marco y único límite el respeto y cumplimiento del propio Artículo 3 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, es decir que el autogobierno de las universidades constituye el núcleo fundamental de la autonomía universitaria. Ello a partir de un órgano legislativo autonómico que les permite dotarse de una estructura de gobierno para cumplir con los fines de educar, investigar y extender la cultura, bajo los principios de libertad de cátedra, de libre examen y discusión de las ideas.
Con excepción de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), a todas las universidades del país, tanto federales como locales, y especialmente a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), les es impuesta su estructura de gobierno a través de las llamadas leyes orgánicas, lo que hace nugatorio el ejercicio de su autonomía. En contraste, con la Ley de Autonomía de la UACM se instituyó un órgano legislativo autonómico con facultades legales para establecer la estructura de gobierno y, con ello, se hizo posible el cumplimiento del principio constitucional de “gobernarse a sí misma”. En las demás universidades, no obstante estar formalmente investidas de autonomía, la estructura de su gobierno proviene de un órgano legislativo heterónomo que la impuso obligatoriamente; no hay autogobierno y la autonomía sólo se queda en el papel.
Así las cosas. Si es a las universidades a quienes corresponde el ejercicio de la autonomía para lograr el autogobierno, resulta imperativo responder a la pregunta: ¿Qué es la universidad? Para unos, las universidades son las instituciones de educación superior e investigación, para otros son los edificios y laboratorios; sin embargo, el concepto legal usado para definirla se encuentra en el Diario de Debates del Congreso de la Unión, de las sesiones para la reforma constitucional del Artículo 3 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en 1980. Ahí los legisladores se refieren expresamente a la importancia de establecer, sin lugar a dudas, la definición constitucional del concepto, para lo que se adoptó el de universitas personarum, que se define como la unión de profesores y alumnos; así quedó definido lo que debemos entender por universidad; en consecuencia, y por tratarse de un principio constitucional, su observancia es obligatoria. Así podemos concluir que corresponde a los profesores y alumnos, asumidos como universidad que son, el ejercicio de ese atributo jurídico de gobernarse a sí mismos.
Desde el día en que entró en vigor la adición constitucional al Artículo 3 quedó definido legalmente el principio de autonomía universitaria como norma suprema de gobierno de toda la Unión. Al mismo tiempo colocó al conjunto de las leyes orgánicas de las universidades autónomas del país en una franca situación de antijuridicidad, y se generó así un “conflicto de leyes en el tiempo”: entre la fracción VII del Artículo 3 constitucional y las leyes orgánicas heterónomas. Lo anterior se explica, por ejemplo, con la ley orgánica de la UNAM del 6 de enero de 1945 y la adición constitucional de la autonomía universitaria de 1980: ambas fueron creadas por el Congreso de la Unión federal con el procedimiento legislativo formal; ambas son derecho positivo y derecho vigente, sin embargo, debido al sistema de suprasubordinación de los ordenamientos jurídicos en México, conforme al Artículo 133 constitucional, debe imperar siempre la norma superior y las inferiores en rango deben adecuarse a la norma superior; cuando ocurre lo contrario, es decir que la inferior es contraria a la letra o el espíritu de la superior, en teoría no tiene posibilidad legal de existir, es nula de pleno derecho, sin efecto jurídico alguno, como si nunca hubiera existido.
No obstante lo anterior, la ley orgánica de la UNAM (y de las demás autónomas) sigue rigiendo mediante una estructura de gobierno anacrónica, con reminiscencias feudales (“jefe nato” incluido), impuesta por una ley heterónoma, vertical y antidemocrática, que da el poder a un grupo de “15 notables” que deciden a quien ungir como rector. Los órganos colegiados, Consejo Universitario y consejos técnicos están integrados con una sobrerrepresentación de la burocracia, con consejeros exoficio (encarnados en todos los directores de facultades, escuelas, colegios, centros e institutos, que a su vez son designados por el mismo rector) y con subrrepresentación de estudiantes y académicos (por ejemplo, los estudiantes de los cinco planteles del Colegio de Ciencias y Humanidades, CCH, tienen sólo dos consejeros). Además esos órganos de gobierno carecen de toda legitimidad; por ejemplo, para consejeros universitarios estudiantes del CCH votó apenas el 0.07 por ciento del padrón.
Los grupos de poder actúan como facciones, y con criterios patrimonialistas administran como si se tratara de una empresa privada y convierten el subsidio en botín (32 mil millones de pesos en 2012). Lo peor es que los burócratas han creado la imagen falsa de que existe, por un lado, la “comunidad universitaria” integrada por estudiantes y trabajadores académicos y administrativos, y por otro, las autodenominadas “autoridades”, es decir, los burócratas profesionales que sin ninguna representación, y menos legitimidad, crean un círculo perverso de poder en el que unos van nombrando a otros, se van reciclando (una vez son rector, luego directores, otra consejeros, otra junta de gobierno y así sucesivamente). Y al usurpar la Universidad, pretenden que es a ellos a quienes corresponde el ejercicio de la autonomía.
Con esas prácticas es que la burocracia ha provocado un divorcio cada vez más profundo con la Universidad, a la que no sólo ha convertido en su contraparte, sino que las “autoridades”, incluso, administran a la “comunidad”, como si se tratara de un negocio particular; actúan como patrones y capataces, se olvidan de que la educación e investigación de las universidades autónomas es un servicio público estratégico de la mayor importancia, ya que de su mayor o menor desarrollo, así como del cumplimiento de sus fines sustantivos, depende el destino del país. Existe una relación directamente proporcional entre la cantidad de recursos que un Estado destina a la educación superior e investigación y su nivel de desarrollo científico y tecnológico, que se traduce a su vez en las diferentes formas de la soberanía nacional: alimentaria, tecnológica, científica, económica, política, etcétera.
En 1980 se definió por primera vez, a nivel de la Carta Magna, el concepto de autonomía universitaria. Sin embargo, los universitarios hemos sido incapaces de dotarnos de un órgano legislativo autonómico, que sirva para lograr la adecuación de la legislación universitaria al nuevo marco constitucional y posibilitar el ejercicio real de la autonomía para quienes forman la Universidad, sus estudiantes y profesores.
Resulta indispensable, asimismo, la expedición de la Ley Federal de Autonomía Universitaria, reglamentaria de las siguientes fracciones del Artículo 3 constitucional: “IV. Toda la educación que el Estado imparta será gratuita; VII. Las universidades […] tendrán la facultad y la responsabilidad de gobernarse a sí mismas; y VIII. Lo que se refiere a la responsabilidad del Congreso de la Unión para ?distribuir la función social educativa entre la federación, los estados y los municipios’”. Una ley que transforme en obligación legal lo que hoy es una facultad discrecional del Poder Ejecutivo: la asignación de recursos económicos suficientes y oportunos para que las universidades autónomas del país realicen los fines sustantivos que tienen encomendados, debiendo destinarse cuando menos el 12 por ciento del producto interno bruto a la educación y el 1 por ciento a la investigación. Una reglamentación de la autonomía universitaria que permita su real ejercicio, es decir, el autogobierno como facultad y como responsabilidad a partir del concepto universitas personarum; una ley que establezca las formas para que los tres niveles de gobierno aporten los recursos económicos para la realización de la función social educativa y que reconozca el carácter estratégico de la educación pública. Consecuentemente, una reglamentación que imponga las sanciones para el caso de incumplimiento, que pueden ser desde la destitución del cargo, hasta la consignación y proceso penal correspondiente, así como el procedimiento para resarcir el daño causado y garantizar la no repetición del mismo.
*Jurista integrante del Colectivo de Abogados Zapatistas y de la Liga de Abogados 1 de Diciembre; catedrático de historia y de derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México
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Fuente: Contralínea 329 / abril 2013
 
http://www.voltairenet.org/article178089.html 

Periodistas agredidos y encarcelados en Oaxaca

Mientras Televisa y Tv Azteca (matrices en duopolio que encubre una complicidad monopólica) nada informan sobre las agresiones y el encarcelamiento contra cinco periodistas y un guía indígena ikoot, Eleazar Infante Fiallo –quienes ejercían sus derechos de libertad de prensa para recabar información sobre el problema social de la instalación del parque eólico San Dionisio, en la Barra Santa Teresa, en Oaxaca–, un cacique, en calidad de presidente municipal, de nombre Francisco Valle Piamonte, de San Mateo del Mar, ordenó a su policía detenerlos e interrogarlos; borraron las fotografías y sacaron copias de los documentos que portaban los periodistas y reporteros gráficos, quienes laboran para el periódico La Jornada, para la Agencia Autónoma de Comunicación y el Informativo Generando Opinión, con su medio de comunicación Subversiones.

Los trabajadores de la prensa, a quienes les violaron sus derechos de ciudadanos en general y los respectivos de su labor periodística, son Rosa Rojas, Francisco Olvera, Karina Martínez Castillo, Ignacio Garrido García y David Henestrosa. Contra ellos cargaron el uso de la fuerza policiaca para que no cumplieran con su deber de obtener información acerca del proyecto de la empresa trasnacional Mareña Renovables, que pretende, sin el consentimiento de la comunidad, instalar sus hélices eólicas, como lo han estado haciendo en gran parte del territorio oaxaqueño con la autorización y complicidad del desgobernador Gabino Cué Monteagudo. Éste, es sabido, se ha puesto de parte de los empresarios que abusan, y tiene una administración contraria a los intereses de los oaxaqueños. “Lo anterior es una muestra de que no hay condiciones para ejercer el periodismo, se impide la libertad de expresión en el país y las autoridades no garantizan el ejercicio de nuestra profesión, por lo que exigimos al gobernador Cué Monteagudo una investigación a fondo y [el] castigo a los culpables” (desplegado “¡No están solos!”, publicado en La Jornada el 23 de marzo de 2013).
En materia de libertades de prensa, el priísmo mayoritario, que ya impera en la geopolítica mexicana, está repitiendo el mismo mal gobierno de los panistas. Así como no cesa la violencia en general, tampoco acaban las embestidas contra los periodistas. Y son los reporteros que han de ir a las fuentes para constatar la veracidad de su información los que más están padeciendo abusos de los funcionarios a la par de los delincuentes en una mancuerna, con la finalidad de silenciar a la prensa libre y crítica, último reducto para que la opinión pública reciba información sustentada en la veracidad y con fotografías de los hechos que deben ser conocidos.
Es el caso de Rosa Rojas, Francisco Olvera, Karina Martínez, Ignacio Garrido y David Henestrosa, así como del oaxaqueño y guía de los reporteros Eleazar Infante, una muestra de cómo los gobernantes están actuando igual que los narcotraficantes para que los reporteros no realicen su trabajo. Por todo el territorio se repiten casos semejantes. Es una política de los funcionarios y servidores públicos. Y una conducta de los delincuentes, quienes a toda costa quieren silenciar a los medios de comunicación que abordan la información que callan Televisa, Tv Azteca y sus cadenas de radio para hacer eco del peñismo priísta.
La violencia de la delincuencia y de los funcionarios es una pinza contra todos los mexicanos, incluidos los periodistas; sobre todo los reporteros que tienen que presentarse en el lugar de los hechos. Ésta ha sido la constante desde que apareció la prensa escrita. Y mayormente ahora que el periodismo de investigación es el alfa y el omega del trabajo. ¿Cuál es la diferencia entre un presidente municipal que agrede y encarcela a reporteros y los narcotraficantes? Éstos casi siempre incurren en homicidios. A veces, los empleados públicos también.
*Periodistas
Fuente: Contralínea 329 / abril 2013

La entrega de la fibra óptica de Luz y Fuerza del Centro y de la CFE

Los impulsores de la tendencia reformista que desde el Congreso de la Unión buscan desaparecer la función social del Estado, establecida en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, deben un cúmulo de explicaciones a todos los sectores sociales del país y pueden enfrentar responsabilidades legales por la adjudicación de valiosos bienes públicos con valor de varios miles de millones de pesos a favor de diversos monopolios, como aconteció con la fibra óptica de empresas del sector eléctrico. Casos concretos son Luz y Fuerza del Centro (LFC) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

7. abril, 2013 Martin Esparza Opinión
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Además de la irregular cesión, también hay un trasfondo que no se ha aclarado, como es el desmantelamiento, o mejor dicho, desvalijamiento de la infraestructura, con que al menos en la zona Centro del país contaba la red del sistema eléctrico, muy independiente al robo cometido tras la ilegal desaparición de LFC en octubre de 2009 –en sus diversas instalaciones y centros de trabajo– de equipo, mobiliario y otros enseres, del cual nada ha reportado el Servicio de Administración y Enajenación de Bienes (Sae).
Como lo ha venido denunciando el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), las empresas contratistas que obtuvieron convenios de trabajo con la CFE en la antes zona de influencia de Luz y Fuerza, se dieron a la tarea de cambiar, con el aval de los funcionarios de la paraestatal, el conductor de cobre en las redes de distribución para instalar en su lugar un conductor de aluminio.
Tal modificación no fue obra de la casualidad, pues tenía como claro objetivo que parte del potencial de tales entidades públicas para dar servicio de voz, datos e imagen –incluido el servicio de internet– privilegiara a empresas como Televisa, Tv Azteca, Telefónica Movistar y WL Comunicaciones, entre otras. En esta última firma aparecen como socios mayoritarios nada menos que los exsecretarios de Energía en el sexenio de Vicente Fox, Ernesto Martens y Fernando Canales, panistas a los que el gobierno de Calderón les ratificó sus concesiones al entregarles el uso de la infraestructura de Luz y Fuerza a precio de remate.
En el caso de Luz y Fuerza del Centro se contaba con una red de distribución de 1 mil 100 kilómetros de conductor de cobre que hubiera permitido, a través de la conducción eléctrica, aprovechar el ancho de banda para dotar a los 6 millones de usuarios de la zona centro del país, sobre todo a los de más bajos recursos económicos, del servicio conocido como triple play –telefonía, televisión por cable e internet– a un bajo costo. La red de la Comisión Federal de Electricidad es de 21 mil kilómetros.
Con la instalación del conductor de aluminio se le niega al sector público la posibilidad de otorgar estos servicios adicionales a la población, y se concesiona tal prestación a empresas privadas que visualizan estas áreas como un rentable negocio que les reporta multimillonarias ganancias al año, al imponer además, de manera arbitraria y caprichosa, sus propias tarifas. Pero al pueblo de México se le defrauda por partida doble, porque el aluminio es un material que, a diferencia del cobre, es un pésimo conductor de la electricidad, lo que no garantiza a los usuarios un servicio eficiente y de calidad, ni los exime de fallas en el sistema; además, nadie sabe a manos de quién o de quiénes fueron a parar las millonarias ganancias, producto de la oscura venta de los cientos de toneladas de cobre retirados de los sistemas de transmisión. Para que el lector tenga una idea de lo cuantioso del robo a la nación, basta decir que actualmente el precio del kilo de tan preciado metal oscila entre los 90 y 100 pesos.
Cabe recordar que, en su momento, el SME propuso a la Dirección de Luz y Fuerza y a la propia Secretaría de Energía (Sener) un estudio para operar la fibra óptica en beneficio de los usuarios para el otorgamiento de los servicios ya señalados, y que hubiera reportado a la empresa pública recursos por más de 100 mil millones de pesos anuales. Cantidad que, además de haber coadyuvado al fortalecimiento de sus finanzas, hubiera tenido un impacto favorable entre la población de menores recursos que, con los bajos costos a los que se hubiera ofrecido el servicio, habría tenido la oportunidad de contar con internet en su hogar para apoyar a la educación de sus hijos.
En el documento que sirvió como excusa para justificar el decreto de extinción promovido por Calderón, falazmente la entonces titular de la Sener, Georgina Kessel, expuso que pese a haberse establecido convenios de productividad como el de 2008 para salvar las finanzas de la extinta empresa, éstos no se cumplieron. Deliberadamente, la funcionaria también ocultó la propuesta del SME en torno a la creación de una empresa que aprovechara los miles de kilómetros de la red de fibra óptica integrados en su infraestructura, como se mencionó líneas arriba.
Ahora que los impulsores de la tendencia reformista y privatizadora buscan apoyar sus propuestas en imaginarios beneficios a la población, el trasfondo del porqué extinguir a Luz y Fuerza y de paso acabar con el SME sale nuevamente a flote: el objetivo toral era allanar el camino a las empresas privadas y trasnacionales para el manejo de recursos tan valiosos y rentables como el de la fibra óptica.
Por eso, los que ahora se montan cual paladines de la patria en la ola reformista deben detallar al país las inverosímiles razones de haber entregado a favor de firmas extranjeras la generación de energía eléctrica en el país en condiciones igual de ventajosas que el otorgamiento de la explotación de la fibra óptica, como son los casos de Iberdrola México, SA de CV; EDF International, SA; Unión Fenosa; InterGen Energy, Inc; Mitsui & Corporation, Ltd; TransAlta Corporation; Mitsubishi Corporation, y AES Corporation, monopolios que a través de financiamientos vía Pidiregas (proyectos de infraestructura diferidos en el registro del gasto) han garantizado su inversión al obtener de la CFE el compromiso de adquirirles, al precio por ellas establecido, su energía, lo que ocasiona mayores costos operativos a la infraestructura eléctrica nacional que ahora es subutilizada, y que genera un excesivo margen de reserva de un 44 por ciento alcanzado en 2009 contra el 21 por ciento observado en 2000.
Los entusiastas amanuenses de la encubierta privatización del sector energético, de igual forma nos deben detallar a todos los mexicanos por qué se ha consentido en forma galopante el otorgamiento a particulares del negocio de la electricidad en el país, cuando la Constitución Política establece la obligación del Estado a prestar el servicio con un incuestionable sentido social. También, deben explicar el altísimo costo que está representando para las finanzas públicas y para los millones de usuarios que ahora pagan las consecuencias con la arbitraria imposición de altas tarifas eléctricas, y este irresponsable modelo de inversión vía Pidiregas, donde el gobierno mexicano lleva todas las de perder.
Valga mencionar que los proyectos desarrollados por la CFE bajo el esquema financiero de los Pidiregas y su pasivo acumulado de 1999 a 2043 ascenderá a 545 mil 300 millones de pesos, de acuerdo con la tabla de amortización y pago de intereses del Presupuesto de Egresos de la Federación 2010. Por ejemplo, al 31 de diciembre de 2009, la CFE pagó 63 mil 700 millones de pesos de capital y 42 mil 200 millones de intereses, lo que significa que entre 2010 y 2043 tiene pendiente de pago una amortización de 435 mil 400 millones de pesos, y de costo financiero 131 mil 200 millones más.
*Secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas
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Fuente: Contralínea 329 / abril 2013

Alan y ministros responden penalmente por indultos ilícitos

El trámite del indulto humanitario a Fujimori que la Comisión de Gracias Presidenciales está concluyendo, denegando la solicitud, es ilegal, tal como lo han sido los seguidos en el gobierno de Alan García. El pedido no debió admitirse a su tramitación, sino rechazarse de plano.
Este colegiado está prohibido de procesar algo improcedente, tal como lo estuvieron los casos de beneficios otorgados por García, sus ministros de justicia y los miembros de esta Comisión especializada.
No es mi opinión; existen normas expresas impeditivas. Por ejemplo, el Artículo 5° del Decreto Supremo N° 008-2010-JUS, expedido por Alan García, establece la siguiente prohibición: la “Comisión de Gracias Presidenciales no dará trámite a las solicitudes de los condenados por delitos a los que por ley expresa se ha excluido de la gracia del indulto, derecho de gracia y conmutación de penas”. Lo mismo ha normado su Reglamento Interno y, además, todos entendemos qué es “no dar trámite”.
En el caso de Fujimori, no es solo una ley que prohíbe el indulto por el delito de secuestro que ha sido condenado, sino dos. La Ley 26478, promulgada por él mismo en 1995 antes de su condena; y la Ley 28760, dada durante el gobierno de Alejandro Toledo.
Ambas son leyes expresas que la Comisión de Gracias Presidenciales debió acatar, y no lo ha hecho, por lo que sus 5 miembros asumirían su responsabilidad penal en el supuesto que recomendasen la concesión de la gracia.
Igual suerte correría el presidente Humala si concediese el indulto pese a todo, violando leyes prohibitivas expresasy fallos judiciales.
El rol de la Comisión y del presidente del país es cumplir las normas. La Constitución no les faculta violar las leyes aprobadas por el Congreso y promulgadas por el mismo presidente.
Lo mismo sucede con otros supuestos delictivos. Por ejemplo, por leyes expresas se prohíbe acogerse a los beneficios penitenciarios a los condenados por terrorismo y ciertas modalidades de narcotráfico, en las que García ha otorgado beneficios.
Se les prohíbe usualmente, y sin bochinche de nadie, ciertos beneficios penitenciarios o se agrava su concesión, tal como la redención de penas por el trabajo al secuestrador, exigiéndole 7 días de labor efectiva por cada día de pena redimido (Ley N° 29423 de 13-10-2009).
“Los condenados por delitos de terrorismo y/o traición a la patria no podrán acogerse a los beneficios penitenciarios de redención de la pena por el trabajo y la educación, la semilibertad y la liberación condicional” (Art. 2°, Ley 29423). Sin rechistar.
Del mismo modo la Ley N° 28760 de 13-6-2006 señala que “no procede el indulto a los condenados por los delitos de secuestro y extorsión. Tampoco el derecho de gracia a los procesados por tales delitos”. Antes de ésta, la Ley N° 26478 de 3-6-1995, promulgada precisamente durante el gobierno de Fujimori, establecía la improcedencia del indulto para los sentenciados por secuestro agravado. También se prohíbe el indulto en el caso de violación de menores de edad por la Ley N° 28704 de 3-4-2006.
Las 3 leyes obligan al Presidente a no indultar y a la Comisión a rechazar de plano peticiones ilegales. Deberán, entonces, responder por un trámite llevado a cabo ilegalmente.
En tales casos, dichos condenados ni siquiera se atreven a pedir beneficios ni que se los indulte: a) porque la ley prohíbe beneficiarlos o indultarlos; y b) reconocen con estoicismo la gravedad de sus crímenes. La misma valentía debería mostrar Fujimori y su familia, tal como la presumían estando en el poder. En mis 42 años de abogado no conozco un caso de un liberado por indulto pese a prohibiciones legales. Tampoco conozco a ningún recluso que cobardemente lo haya pedido.
En consecuencia, los indultos, derechos de gracia y conmutaciones de pena que Alan García haya expedido violando estas prohibiciones legales son claros ilícitos penales, aunque no haya habido coima de por medio. Responderán también los miembros de la Comisión dictaminadora y los respectivos ministros de justicia.
La Megacomisión Tejada únicamente debe precisar los casos, aunque fuere uno, cuyo trámite seguido y final concesión del beneficio, estaba y está prohibido por ley.
Aachen, Alemania, 6 de abril del 2013.
Guillermo Olivera Día


Documentos adjuntos


Parte II: Sistema financiero, principal centro de lavado en México

En su más reciente informe internacional sobre drogas ilícitas, el Departamento de Estado de Estados Unidos señala que México es un importante centro de lavado de dinero. Refiere también que es el sistema financiero donde más se legalizan los recursos de procedencia ilícita. Uno de los problemas es que en el país se aplican criterios judiciales distintos: mientras el operador financiero va a la cárcel, el banco sólo recibe una sanción económica

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Las autoridades hacendarias de México estiman que el sistema financiero lava unos 10 mil millones de dólares anuales. La cifra representa el 25 por ciento de los 39 mil millones de dólares que, año con año, obtienen los narcotraficantes del mercado de drogas ilícitas en Estados Unidos, según el estudio Southwest border violence: issues in identifying and measuring spillover violence, elaborado por el servicio de investigación del Congreso de Estados Unidos y dado a conocer el 28 de febrero de 2013.
El dato es reforzado, además, por la “calificación” que otorga el vecino país al gobierno mexicano en materia de combate a ese ilícito. Por sexto año consecutivo, el estadunidense Departamento de Estado califica a México como un centro de blanqueo de capital.
“México sigue siendo un importante país de origen y tránsito de drogas ilícitas destinadas a Estados Unidos (lo que incluye cocaína, heroína, mariguana y metanfetaminas) y un centro de lavado de dinero”, indica el International narcotics control strategy report 2013.
En su “Volume II: money laundering and financial crimes” (“Volumen II: lavado de dinero y crímenes financieros”), refiere que “las ganancias del tráfico de drogas ilícitas que salen de Estados Unidos son la principal fuente de fondos lavados a través del sistema financiero mexicano”. Agrega que otras fuentes importantes de ingresos ilegales en dicho sistema son la corrupción, el secuestro, la extorsión, la piratería, el tráfico de personas y el tráfico de armas de fuego, aunque no estima la cantidad de dinero blanqueado por cada uno de estos delitos.
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Para el investigador Retana Yarto, en el caso de los bancos hay un “problema muy grave” que tiene que ver con las sanciones. “Si se depositan recursos en una cuenta bancaria y después se comprueba que eran de procedencia criminal se aplica el marco penal y se acusa de lavado de dinero [a quien realizó la operación]; pero a la institución que recibió los recursos se le finca un delito de carácter administrativo, y para ellos no existe la pena de cárcel. Se les aplican multas porque se consideran fallas en los sistemas de supervisión interna”.
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Para el maestro en ingeniería financiera es claro que se aplican dos criterios distintos a quienes son responsables prácticamente del mismo delito (operaciones con recursos de procedencia ilícita) aunque con funciones distintas: el lavador y la institución que lavó. Por ello, indica, esta falla del sistema de justicia mexicano debe ser subsanada lo más pronto posible.
Sin embargo, José Luis Marmolejo considera que “tenemos un sistema más sólido, más consolidado. Ha habido errores, fallas, como la que pasó con el banco HSBC, pero tampoco podemos imputarle toda la culpa de manera universal al sistema financiero. Es un error garrafal que comete una institución y ahí es una falla de ésta en cuanto a sus controles de protección; pero no podemos hablar de que todo el sistema financiero está en las mismas condiciones”.
En su International narcotics control strategy report 2013, el Departamento de Estado de Estados Unidos señala que los tres métodos más utilizados por el narcotráfico mexicano para lavar dinero son el contrabando de embarques de dólares a granel, la repatriación de los fondos por vía correo y vehículos blindados y las transferencias bancarias.
No obstante, México se encuentra lejos de enfrentar con eficiencia este delito. “En la Unidad [de Inteligencia Financiera] de la Secretaría de Hacienda no tienen un tamaño y un número de especialistas suficientes para la magnitud del problema de nuestro país, y si a eso le agregamos que acabamos de ponernos de acuerdo en un marco jurídico para perseguir legalmente este delito, nos damos cuenta que el retraso es bastante considerable, y que los casos más importantes se han dado a través de capturas de personas involucradas en el delito a quienes se aprehende in fraganti”, finaliza el maestro Retana Yarto.
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Parte I: Hacienda acredita 109 mil MDP lavados en sistema financiero
⇒ Parte II: Sistema financiero, principal centro de lavado en México
Parte III: Ley antilavado: 12 años de retraso
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Fuente: Contralínea 329 / marzo 2013
 
http://www.voltairenet.org/article178085.html